jueves, octubre 29, 2020
Análisis de la VinotintoColumnasLa Vinotinto

Las historias maravillosas

Venezuela ante Paraguay en Mérida.
Venezuela ante Paraguay en Mérida.
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Confieso que soy un amante de la lectura acerca de la “cultura fútbol”, “fútbol underground” o como se le quiera llamar. Historias interesantes que hablan más allá de lo sabido y recontra manoseado: Messi, Cristiano, Real Madrid y similares.

En esos textos, se habla también de hechos históricos que quizá no son tan populares como el Napoli de Maradona o el Milan de Sachi. Son historias maravillosas, de equipos diezmados por tragedias, que ganan un título para honrar a quienes no están. O selecciones de última hora, como Dinamarca, que van y alzan una Eurocopa.

Esos textos, tipo Revista Panenka (la cual recomiendo comprar si se topan con una) te dejan con media sonrisa en la cara. Son cuentos de fábula, que sucedieron en la vida real y que reivindican e inspiran.

Pero esas historias maravillosas, son eso, maravillosas porque no son comunes, porque son rara avis. Porque la épica siempre suele perder ante la lógica. Y eso le da magia, lo poco cotidiano.

Real Madrid o Bayern Múnich, invierten dinero, trabajan, tienen su departamento de fútbol ciencia, scoutean, preparan jugadores y ganan hasta aburrir. Y de vez en cuando sale un Leicester (pronúncielo “Lester”, lo aprendí hace poco) que alegra a quienes no tenemos vela en el entierro de las grandes ligas. Lo corriente, es que quien no se preparó o invirtió, fracase.

En sus últimos 11 partidos en casa Venezuela tiene una victoria, cinco empates y cinco derrotas.
En sus últimos 11 partidos en casa Venezuela tiene una victoria, cinco empates y cinco derrotas.

Lamentablemente, Venezuela aún no tiene su historia maravillosa en el camino al mundial. Cuánta tinta aguarda en tantos tinteros para escribir esa épica narrativa de esa selección que nunca fue al Mundial y esta vez sí, lo hizo, lo logró. Y contra todo pronóstico.

En tiempos recientes, cuando más cerca del objetivo se estuvo, fue cuando hubo más recursos. El país estaba en una burbuja económica, la FVF tenía anunciantes de pedigree y las selecciones trabajaban con comodidades. A medida que fue cediendo la estructura de la Federación tras el FIFA Gate, que la crisis del país se fue empeorando, el camino de la épica se fue separando del final feliz. O bueno, quizás hacía más épica la cosa. Usted me entiende.

Hoy, en el peor momento federativo, al menos del siglo XXI, la afición futbolera aguardaba que en medio de una FVF intervenida por FIFA debido a que el anterior presidente fue retenido policialmente (en una situación aún con mucho por aclarar) y posteriormente fallecido bajo custodia, en medio de la mayor crisis económica nacional y con mil contratiempos para que un portugués, José Peseiro, armara un equipo con escasos entrenamientos y sin la nómina completa, se diera esa historia maravillosa.

Pero no se dio. Gano la aburrida lógica. Venezuela le fue muy, muy mal en el arranque en una nueva intentona mundialista, esta vez a Catar. Oh fútbol, ¿por qué si eres la dinámica de lo impensado, te guardas lo predecible para nosotros los venezolanos?

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Parece que si el fútbol tiene un Dios o algo parecido, quiere que los venezolanos construyamos un proyecto. Que trabajemos. Y que la historia sea algo sonsa: “Oh, miren, Venezuela fue al Mundial porque tuvo un proyecto, tuvo comodidades y potenció sus talentos. Ehm, hablemos de otra cosa”.

Bueno, exagero. Una selección que jamás fue mundialista siempre será una buena historia para contar si alcanza la cita ecuménica.

Lo cierto, es que todo lo que ocurrió en Barranquilla y en Mérida era previsible. ¿Que Peseiro pudo haber prendido más velas para apurar  la manifestación divina? Pero por supuesto. Aún le debe al país una explicación más clara de que busca con Sergio Córdova, como nueve, por ejemplo. O si lo de Yeferson Soteldo es solo una escogencia técnica para que sea revulsivo o si hay algo más.

José Peseiro y el capitán Tomás Rincón.
José Peseiro y el capitán Tomás Rincón.

Los cambios llegaron tarde, como los jugadores que no viajaron en chárter de Europa. Y así, el técnico tendrá que revisar la pizarra una y otra vez durante un mes, antes de verse las caras con Brasil y Chile. El señor Peseiro parece que es un tipo bien normal, no es un sanador y, a pesar de hablar portugués, no puede protagonizar una misa de “Pare de Sufrir”.

Para más Inri del portugués, Gustavo Alfaro llegó hace nada a Ecuador y con una semana de entrenamientos sacó un sonoro resultado 4-2 sobre Uruguay. La clásica comparación “¿por qué él si puede y nosotros no?” brotó como las semillas de girasol en los frascos de compota de un preescolar.

Alfaro, que creo que tampoco es brujo, tuvo un acierto que Peseiro no: El argentino consultó y se dejó apoyar por técnicos del patio. Ayudó que la liga local está corriendo desde hace varias semanas y mantuvo consultas con Pablo Repetto y Paúl Vélez, técnicos de Liga de Quito y Macará respectivamente. No es la base de la selección ni del once titular, pero de un corte de 30, que 11 sean del torneo local (Independiente del Valle tiene su buena cuota), es interesante.

Pero la pieza clave, según me comentan los buenos amigos del Ecuador (muy contentos, por cierto) es el apoyo de Jorge Célico. El también argentino, lleva tres años trabajando en la Federación y ha estado a cargo de procesos sub-23 y sub-20. Fue el director técnico de esa selección ecuatoriana que fue al pasado mundial juvenil y dejó un buen sabor de boca.

Y entonces, llegó Alfaro y con sus pinceladas, más lo que encontró de trabajo en el sistema de selecciones, tuvo la dicha (o magia) de hacer química y sacaron un resultado maravilloso.

Peseiro no contó con un elemento similar. Se hablaba de un asistente técnico y quizá, José Hernández, técnico de la sub-20 pudo haber sido su escudero. Pero prefirió ir a la suya.

También, no es menos cierto, que se ha hecho costumbre en nuestro país, que cuando un técnico nuevo llega, lo anterior se desecha absolutamente. Cuando salió Páez, Farías impuso todo un sistema y filosofía. Igual cuando salió el cumanés, Sanvicente y queda ver cuando deja de herencia el proceso de Dudamel.

José Peseiro, seleccionador de Venezuela. Foto de Simón Bardinet para la FVF.
José Peseiro, seleccionador de Venezuela. Foto de Simón Bardinet para la FVF.

 

Y entonces, aquí nos paramos en una disyuntiva: nos deshacemos de José por sus ineficaces poderes paranormales y  buscamos a alguien con un aura más poderosa que nos ayude a escribir la historia épica que tanto esperamos. O dejamos a  Peseiro un tiempo más y vemos si su idea cuaja.

Y si no, se le echa, por mal técnico y mal brujo.

Se dijo en su momento: con tanto caos federativo, la selección empezó perdiendo la eliminatoria. La realidad es dura y posiblemente, no había otro resultado lógico. Rafael Dudamel, después de cuatro años con la absoluta, por fin parecía enamorar con su trabajo y su ciclo se cortó. Y pasó una verdadera tragedia en la FVF.

Hay que asumirlo: toca empezar desde cero. Muy cero. Aquí no va a haber una historia maravillosa si no hay trabajo y si no se empieza una verdadera reconstrucción alrededor  y adentro de la selección.

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