
En Venezuela el uso de la palabra “arrecho” es multifacético. Al igual que el verbo “to be”, puedes ser o estar “arrecho”. Te puede hablar de alguien molesto, de una tarea complicada, de coraje o de un acto de calidad impresionante. Todo depende del contexto. El DT de la Vinotinto Femenina, Ricardo Belli, ha demostrado compenetrarse con el país. No es solo que la Pequeña Venecia sea su domicilio, sino que ha hecho un esfuerzo por ser parte de nuestra sociedad. Desde su llegada, su narrativa y su carisma han calado en el camerino y en la opinión pública.
“El lenguaje no es solo un instrumento de comunicación o incluso de conocimiento, sino un instrumento de poder. No se busca solo ser comprendido, sino también ser creído, obedecido, respetado, distinguido”, escribió el sociólogo francés Pierre Bourdieu. Desde su discurso, Belli nos ha trazado las líneas claras de un proceso que tiene poco más de un año, pero un crecimiento acelerado. Dirige sin retrovisor, se olvida del pasado e insiste en que las puertas están abiertas para todos. Un claro ejemplo es Lourdes Moreno. Ha machacado hasta el cansancio la idea de construir un ADN competitivo desde la presión alta, el protagonismo con balón y una salida limpia.
Un proceso integral que trabaja para el hoy, sin olvidar el mañana. Como Belli, muchos estaban “arrechos” tras la caída ante Argentina. El cupo directo se escapaba como arena entre las manos. Pero pasaron página rápido e hicieron un juego “arrecho” ante Bolivia. Plasticidad táctica, cohesión grupal y automatismos en constante evolución. La mejor noticia de este ciclo no es lo logrado, sino lo que se avizora en el horizonte. El objetivo de ir al Mundial de Brasil 2027 no es una quimera, así tenga una escala en el repechaje intercontinental. De lograrlo, puede marcar un parteaguas para el fútbol femenino de Venezuela. Y junto a Belli pudiésemos decir que sería un logro “arrechísimo”.




