jueves, octubre 29, 2020
Análisis de la VinotintoColumnasLa Vinotinto

Tarda solo 90 minutos ir del cielo al infierno

Venezuela cayó ante Colombia en el estreno de las Eliminatorias a Qatar 2022.
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La noche del viernes fue amarga y ha hecho que esa resaca se extienda desde entonces. ¡Qué difícil sentarse a escribir sobre el partido de Barranquilla!

Los venezolanos somos capaces de ir de un extremo a otro en las sensaciones en cuestión de segundos. De la gloria al infierno a la velocidad de la luz. De lo paradisíaco a lo catastrófico en veinte segundos. Nos hemos acostumbrado a vivir la vida de esta manera sobre todo en los últimos años y con nuestra selección, pasa igual.

El debate luego de la vapuleante victoria de Colombia fue desde discutir la posición de lateral izquierdo de Roberto Rosales hasta la necesidad de cambiar la estructura de la FVF. Me llegó un WhatsApp del ex seleccionador Richard Páez mientras desayunaba ayer sábado, en el que se responsabilizaba al máximo ente futbolístico del país de la “continua eliminación de nuestra intención clasificatoria a los mundiales”. Tan respetable es su opinión como la dilapidación en ese mensaje de toda capacidad de poder hacer algo futbolísticamente hablando que cambie el panorama en los restantes 17 partidos que quedan de aquí a Catar.

Si bien la derrota podía estar presupuestada en la noche de viernes barranquillera, por todos los antecedentes que rodearon al debut de Peseiro, lo que pocos contaban era con que fuera un auténtico baile rival, que Venezuela no ofreciera absolutamente nada positivo en su propuesta. Sin embargo, con el dolor de una derrota de esa forma en el estreno, podemos entender que aún hay un segundo capítulo en esta primera doble fecha para enderezar el camino. Fue feo y doloroso, pero hay una oportunidad para sacudirse el varapalo.

Ahora: Peseiro hizo dos declaraciones en rueda de prensa dignas de analizar. La primera, que quizá utilizar en su esquema escasos dos volantes de marca ante un rival que iba a tener la pelota y dominar los tiempos, no fue la mejor idea. La otra, la que indica que siendo defensivos “no se va a un mundial”.

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Por lo que siempre aseveró el portugués en varias entrevistas, en las que aseguraba que con tan poco tiempo de trabajo lo mejor que podía hacer era darle continuidad a las ideas del proceso anterior, uno estimaba que habría más prudencia en la zona media y un tercer volante acompañaría a Rincón y Herrera para impedir el tránsito de los punzantes creativos de Colombia, tal como Dudamel hacía cuando tenía que visitar rivales que se presumía iban a disponer de la posesión. Eso no fue así. Por eso, se aplaude el mea culpa en haber traicionado lo que tanto pregonó en ocho meses.

Lo que sí me preocupa es el segundo concepto tan vago. Si bien es cierto que para ir a un mundial hay que tener agallas y buscar los partidos, también lo es el hecho de que para modificar trabajos hay que tener un tiempo prudencial para ensayar la nueva idea. Tampoco creo que el viernes Venezuela fue a buscar a Colombia o intentó ser ofensiva: yo vi a un equipo que se excedía en el traslado porque no había sociedades para generar juego y los espacios entre una línea y otra eran alarmantemente amplios. Esa manera de justificar la idea táctica que tuvo desde el inicio, para mí no tiene asidero lógico.

Re inicio

El durísimo golpe ha hecho que el correctivo sea tan necesario como recuperar esa ilusión que desbordaba antes de los fatídicos noventa minutos en el Metropolitano de Barranquilla, pero hay que pisar tierra, respirar profundo y recordar que se ha perdido un partido, pero no la clasificación al mundial, objetivo final.

No podemos sumergirnos en el mar de la tragedia deportiva, mientras siempre exista un segundo round. Lo que sí nos debe preocupar es el bochorno que está viviendo nuestro equipo desde que aterrizó en territorio merideño. En un país sumergido en el caos, era una aventura garantizar todas las comodidades a las delegaciones en una ciudad que ha sufrido desde hace buen rato de las carencias de los servicios básicos. Eso sí era más difícil de presupuestar que una victoria en Colombia. Vergüenza continental.

Mérida dictará una sentencia que ni siquiera será la definitiva. Recuperar la ilusión será la premisa y ojalá que también se pueda subir del infierno al cielo en noventa minutos.

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