martes, octubre 20, 2020
Análisis de la VinotintoColumnasLa Vinotinto

Peseiro y la Vinotinto, entre dos aguas

José Peseiro, seleccionador vinotinto.
José Peseiro, seleccionador vinotinto.
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Decía William Shakespeare: “Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras”. Antes de comenzar su aventura en Venezuela, José Peseiro declaró que quería ser el autor de una Vinotinto más ofensiva. Sí, un equipo que propusiera más que la que se había mostrado al mundo en procesos anteriores. Al momento de la primera prueba ante Colombia, el de Coruche cumplió. Presentó un 4-2-3-1 ambicioso que sorprendía a propios y extraños.

La extrañeza venía dada por el contexto. Pues la pandemia fue una suerte de tornado que arrasó con la Selección. Efectivos vitales que se iban cayendo del llamado inicial, uno tras otro como piezas de dominó. La perplejidad por el XI inicial ganó enteros dada la envergadura de un rival que jugaba en su fortín y que aglutinaba elementos en estado de gracia.

¿El resultado? Un cimbronazo que aún gira en la cabeza del luso como la canción “Entre dos aguas” de Paco de Lucía da vueltas ahora mismo en la mía. Una rumba flamenca que va al ritmo de mis dedos sobre el teclado al momento de escribir esta nota-desahogo. Y que bien pudiera ser la música de fondo de la armónica Colombia que propinó aquella sonora derrota (3-0) a los patrios. Y pudo ser peor.

Roberto Rosales, defensor vinotinto.
Roberto Rosales, defensor vinotinto.

El mazazo llevó a Peseiro a recular. Como cuando el comandante de una tropa en combate entona a la desesperada el famoso “¡Retrieve! ¡Retrieve!”. Otorgándole el beneficio de la duda, por el poco tiempo que ha tenido para engranar la maquinaria que imagina, el portugués eligió trabajar sobre las fallas de la retaguardia, antes de pensar en edificar o construir adelante. Cuestión que se antoja lógica, aunque parezca que con eso no alcance para ir a un Mundial, ni para salir del fondo de la tabla.

Con el primer partido, las Eliminatorias Sudamericanas se presentaban ante el seleccionador como lo que verdaderamente son. Un Everest para cualquier estratega, al margen de la vasta experiencia que posea. Una lucha encarnizada por un boleto al Mundial, en un mercado en el que escasea la oferta y abunda la demanda.

 

El mundo al revés

Sin importar que enfrentaba, en casa, a una Paraguay en reconstrucción, huérfana de liderazgo y con muchas dudas en el fondo, el DT luso apostó por ejecutar lo que debió haber llevado a cabo en Barranquilla. El mundo al revés de un Peseiro, entre dos aguas. Una dimensión paralela en la que afloraron sus temores. El pavor de que volvieran a pintarle la cara, perdiendo su crédito en apenas 180 minutos. Y que no iba a ser todo su culpa. Claro está. Aunque el miedo y la testarudez (o desconocimiento) para apostar por ciertas piezas en ciertas demarcaciones representan juntos un peligroso cóctel que poco juega en favor de su defensa.

Ante la Albirroja, Peseiro decidió fortalecer el medio sector con un elemento adicional: Cristian Cásseres Jr, de gran partido dicho sea de paso. Apostó por jugar con laterales bastante contenidos. Mandó a presionar con un bloque medio-bajo durante casi todo el duelo. Optó por un planteamiento reactivo, más bien conservador, que lo acercó a su idea de mantenerse en carrera, pero que lo alejó del agrado popular.

Rómulo Otero.
Rómulo Otero.

Con esos complejos, el plantel salió al campo ante los de Eduardo Berizzo. Con la consigna de mantener el cero y poco más. A ningún futbolista se le caía una idea a la hora de proponer juego, más allá de los arrebatos de Otero. Aunque también es verdad que poco se sufrió atrás. La Vinotinto no viajó casi nunca junta a través del balón. Todos sus traslados los hizo en el DeLorean del Dr. Emmet Brown. Se volvió a la época del juego directo, pero resultó peor. Una estrategia tan inesperada como ramplona que nos hizo pegar los retazos sueltos de un calendario hace bastante tiempo deshojado.

La mejoría del segundo tiempo vinotinto quedó en el anecdotario, incluido lo tardío de los cambios, el poco protagonismo del “10” del Santos y la pelota quieta asomándose de nueva cuenta como posible único recurso de una Selección Nacional que pareciera tener un mayor potencial. Aunque, ¡OJO!, eso todavía está por comprobarse.

Pero, a decir verdad… ¿Quién puede reprocharle algo al técnico de turno? Uno que poco conoce la realidad del fútbol sudamericano. Uno que aun no supo extraer lo mejor de sus dirigidos con apenas un puñado de sesiones de trabajo completadas. ¿O se está muy disociado de la realidad/contexto o no se entiende bajo qué argumentos lógicos se le pide milagros a un DT que ha tenido que emplear las dos primeras fechas de las Eliminatorias como un auténtico banco de pruebas?

Vienen Brasil y Chile. Dos cabezas más del monstruo llamado Eliminatorias. El ideario de Peseiro seguirá entre dos aguas hasta noviembre. Entre sí apegarse a la resistencia espartana para evitar que los daños sean mayores, pero daños al fin. O volver al plan inicial que desarrolló, hasta ahora, solo en los micrófonos. El de ser valientes e ir contracorriente, sin importar el resultado, para tratar de imponer un verdadero cambio que rompa con el status quo vinotinto. El problema es que ahora Peseiro sí sabe que la manta de Venezuela es más corta de lo que él esperaba. Su misión radicará en acomodar mejor su cuerpo en función de la cobija que lo acompaña ahora, mientras junta monedas para adquirir una nueva. ¿Sabrá vivir en la austeridad?

Puedes ver más videos y análisis de la doble fecha eliminatoria en nuestra cuenta Idioma Futve. 

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