jueves, octubre 29, 2020
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La Vinotinto no tiene casa

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Aunque ya había prestado la casa para partidos de la ruta a Corea del Sur 2002, la explosión que tuvo la Vinotinto en la etapa final de ese premundial y que hizo cambiar para siempre la historia del fútbol venezolano, le hizo frotarse las manos al Alcalde de Maracaibo, Giancarlo Di Martino

Di Martino, descendiente de italianos y conocedor del poder que da el fútbol, olió primero que muchos que la Vinotinto sería un gran sentimiento nacional (como lo es cualquier selección de Sudamérica) y que aglutinaría adeptos sin importar la tendencia política. Sería una gran manera de hacer propaganda para el alcalde que militó en el chavismo.

El alcalde ofreció algo inusual para una Vinotinto que estaba acostumbrada al ostracismo: un estadio arreglado, alojamiento en los mejores hoteles, atenciones especiales a la Federación, la mejor comida y traslados a pedir de boca. Y claro, no descartamos algún “bono” adicional para arrimar la Vinotinto al “Pachencho” Romero.

Estadio "Pachencho" Romero de Maracaibo.

Un empleado de muchas décadas en la FVF nos confesó: “No recuerdo que hayan tratado tan bien a la Vinotinto como en Maracaibo, al menos en este siglo XXI. Vivíamos a cuerpo de rey, todas las atenciones, todos los lujos”.

Di Martino, que también sacaría al ruedo al inolvidable Unión Atlético Maracaibo, vivía en duelo permanente con Manuel Rosales (Gobernador del Zulia) por ver quien hacía más por la ciudad. Esa guerra política mantuvo a Maracaibo limpia, atractiva, pujante. Y la primera autoridad municipal pegó en cuanto a difusión mediática con la selección nacional.

En efecto, la “nueva casa de la selección” continuó su ascenso al punto que Di Martino pudo pelear (y negociar) la final de la Copa América 2007.

En el período de gestión del alcalde, 2000-2008, la selección recortó distancia con plazas clásicas como Caracas o San Cristóbal. Hoy, aún con casi 12 años sin jugar en la Tierra del Sol amada, Maracaibo es la tercera ciudad con más partidos del combinado patrio, con 26, solo superada por San Cristóbal (32) y Caracas (36). De un plumazo, le sacaba ventaja enorme con ciudades con más tradición en el fútbol, como Mérida o Puerto Ordaz.

Esto fue el inicio de un nuevo camino en la escogencia  de partidos de la selección: negociar con entes gubernamentales la estancia de la selección.

Desde el camino a Inglaterra 1966 hasta el premundial de México 1986, Caracas tuvo la exclusiva de la selección. La selección era llevada por empresarios capitalinos, entre ellos Lázaro Candal. Pero para 1985, emprendedores tachirenses, entre ellos el fallecido Sergio “El Cura” Calderón y Manolo Dávila padre, ofrecieron más dinero y comodidades para el combinado patrio en San Cristóbal. Así, la selección dejó su hogar original y fue una historia que contamos acá.

 

La pérdida de oportunidades de Caracas como casa de la Vinotinto

Pero, el movimiento de Di Martino cambió las cosas. Y Venezuela, un país con un Estado todopoderoso, empezó a acumular el poder económico hacia las instituciones oficiales. Y era difícil competirle.

El Olímpico de la UCV, la primera casa de la selección, quedó en una desventaja enorme con el resto de sedes. A diferencia de otras ciudades, el estadio está bajo tutela de la Fundación UCV, un ente autónomo, que cobra alquiler. En Caracas, no ha aparecido gobernante o alcalde “fiebrudo” por el fútbol (o que sepa capitalizar el rédito en imagen política) para que la Vinotinto vuelva a anidar a sombras del Ávila. En otros estados, las canchas son propiedad de gobernaciones o alcaldías.

En pocas palabras, mientras hay gobernadores que ofrecen cubrirlo todo para la selección (y quien quita si hay un aporte adicional), para jugar en Caracas, la FVF tendría que sacar plata de su bolsillo, amén del aporte de empresarios locales, como pasó en los amistosos  de 2019.

La opción de Caracas se rezagó más con la Copa América 2007. En el interior del país se levantaron faraónicos estadios y en la capital, no hubo voluntad política para hacer uno nuevo, de gran capacidad. Recordemos que en el año 2000, la UCV fue declarada “Patrimonio Cultural de la Humanidad” y esto se extiende a toda su arquitectura, incluyendo los estadios. Es un motivo para no ampliar la capacidad del viejo parque Olímpico universitario.

En otras ciudades, con los mastodontes de concreto que dejó la cita continental de 2007, muchos gobernadores salivaron. “A Esquivel lo llamaban, lo invitaban a pasar un fin de semana. Ofrecían de todo. Todos querían tener a la selección”, comentó ese federativo.

 

La emigración a Oriente

En el ciclo de César Farías, Tareck William Saab, gobernador del estado Anzoátegui, ofreció en el joven estadio cobijar los partidos de la selección. “La Vinotinto tenía todas las comodidades, no faltó nada.  Nos sentimos muy cómodos realmente, éramos reyes. Solo teníamos que pedir por esa boca”, aportó otra fuente con experiencia en la FVF.

En un corto período de tiempo (2007-2013), el José Antonio Anzoátegui, acumuló 16 partidos con siete triunfos.  Fue inolvidable el 1-0 sobre Argentina. Lamentablemente, hoy esa cancha está en el más absoluto abandono.

Así, bajo este esquema, la selección anda errante por el país. Muchas ciudades la reclaman como suya, pero lo cierto es que al menos en este siglo, ha recorrido muchos sitios. La ventaja y lo bueno dentro de esto es en que cada ciudad que va, se siente arropada. Nunca está sola.

Estadio José Antonio Anzoátegui

En lo deportivo, no hay mayores ventajas. En cuanto a juegos ganados, San Cristóbal y Caracas tienen más lauros, con 11 cada una.  El Pachencho tiene 10 y Puerto La Cruz, 7. En cuanto a porcentajes de triunfos, según partidos jugados (contamos sedes con más de diez), gana Puerto Ordaz con 45% (11 y 5), seguido de Puerto La Cruz (43,5% ) y Maracaibo (38,5%). San Cristóbal (34,37%) y Caracas (30,5%) no estarían en el podio de esta relación.

Hoy, la selección vuelve a Caracas, a puertas cerradas. Lamentablemente, Mérida fue azotada por la merma de servicios públicos que afectan a la mayor parte del país y perdió el segundo partido de eliminatorias de local, ante Chile.

Solo Brasil “pasea” su selección por tantas ciudades como Venezuela. El resto del vecindario Conmebol se fija en una ciudad, en las capitales, a excepción de Colombia, que ve ventaja climática en Barranquilla. La Vinotinto pareciera que no tiene casa fija, pero tiene muchos sitios donde es bien recibida.

 

*Las estadísticas de esta nota son de Renzo Di Vincenzo, de Soccer Data Venezuela. 

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