martes, octubre 20, 2020
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Liga de repatriados: Sólo un lindo sueño

liga de repatriados
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El venezolano es un fútbol que en los últimos años se ha convertido en exportador. Por dos razones básicas, lo es: el talento del futbolista, su crecimiento profesional, lo ha hecho ser apetecible en otras ligas y la situación país (todo lo que el concepto involucre negativamente hablando) permite que ante cualquier oferta foránea, el jugador prefiera salir, lógicamente para resolver un tema de vida.

Ésa es la actualidad. El futbolista se va muy joven de Venezuela. Los campeonatos de Segunda y Tercera División de Europa están plagados de chicos nacidos en nuestra tierra buscando algo más estable. En unos próximos años, no será extraño que nuestro proceso de selecciones nacionales esté conformado por una mayoría de oriundos, que emigraron muy jóvenes o que nacieron en otros territorios siendo hijos de venezolanos. La cifra apunta a más de seis millones de connacionales que hayan dejado el país para 2020 por la crisis, más allá que la tasa de retorno se haya incrementado a causa de la pandemia del COVID-19.

En ese panorama, suena hasta irreal que haya futbolistas que hacen carrera en el exterior que quieran regresar al campeonato nacional. Ya un caso fue realmente atípico y particular hace unos años, cuando Frank Feltscher, un suizo nacionalizado que hizo toda su vida en Europa, aterrizó en Maracaibo para jugar en Zulia FC.

Feltscher es uno de los jugadores que formarían parte de la liga de repatriados.

Me llama la atención las declaraciones que Ronald Vargas me diera en una entrevista para la plataforma de redes sociales de la iniciativa “Ayudemos al Profe”. Conversando con él, me reveló que de haber una oferta interesante de parte del Caracas, el equipo que lo formó en Venezuela y desde donde dio el salto a Europa, no tendría reparos en regresar. “No sería un paso atrás, es un equipo serio que está jugando Copa Libertadores, además de ser mi casa”, evaluó.

Es difícil que Caracas FC pueda presentarle un contrato con números de Viejo Continente. De hecho, el rojo se caracteriza ser por un club que no infla cifras. No es el equipo que mejor paga en el mercado del FutVE, pero los profesionales del balón saben que es una institución seria y cuyo mayor aval no es la cantidad que cancela sino la seguridad con la que cumple sus compromisos. Vargas lo sabe porque perteneció a la institución pero dejó un punto en el tintero de la conversación que me pareció clave: “aunque el país no esté bien”.

Entonces no es tanto lo que pueda ofrecer Caracas. Quizás a Ronald, que con 33 años ya hizo su vida con una carrera de más de 10 años afuera, lo que le preocupa es retornar a un país donde por más dinero que puedas tener, no tienes garantía de disfrutar de los servicios básicos como un ciudadano común puede hacerlo, con altos índices de inseguridad y una constante inestabilidad económica y política que influye en la cotidianidad.

Soy de los que opina que el fútbol nacional necesita un atractivo extra para mejorar el espectáculo y llevar gente al estadio (entendiendo que en algún momento se podrá superar éste episodio de vida llamado COVID-19) y uno de ellos sería el retorno de figuras importantes. ¿Se imaginan de nuevo a “Lobo” Guerra y Ronald Vargas con el Caracas? ¿Qué Tomás Rincón en un par de años vuelva a vestir los colores de Táchira? ¿Qué en unos años Salomón Rondón se ponga la del Aragua para retirarse?

Se vivió con Arango también en el Zulia y realmente generó impacto, pero hay que ser realistas y entender esa posibilidad como algo atípico, como una situación que será poco probable. Ronald Vargas puede regresar al país porque sus condiciones ya no son las mismas y está más cerca del ocaso de su carrera, pero sabe que esa decisión no pasará tanto por lo que le pueda pagar Caracas sino por lo que su familia considere posible en la evaluación de regresar a un país en escasez.

Arango es otro de los jugadores que puede ser partícipe de la liga de repatriados.

Obvio que todas estas consideraciones parten de la superación del COVID-19, del control que pueda hacerse de esa situación que alarma al país, pero también de la estabilidad económica de los equipos: a ésta fecha hay instituciones cuyo futuro está en el limbo, algunas de que no han cancelado salarios, otras que no cuentan con los recursos para salir al ruedo. En un panorama de tanta incertidumbre, donde se agrega la fuerte inestabilidad competitiva de un torneo que ha perdido la estructura en manos de la Liga FutVe y la FVF, es poco probable que a esos futbolistas les pueda llamar la atención regresar al país.

Por ello, el caso hipotético del retorno de Ronald Vargas al Caracas será como los de Feltscher o Arango: atípicos, fuera de lo normal. Las condiciones no están dadas, más allá que quisiéramos ver más jugadores de peso y con trayectoria en nuestro campeonato. Sin embargo, eso no tiene por qué ser negativo: el fútbol nacional debe acostumbrarse a no ser una liga de retorno sino de jóvenes, de chicos que se abren paso en el campeonato como catapulta para saltar al extranjero.

¿Una liga de repatriados? Un bonito sueño. Adaptémonos a ser una liga exportadora.

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