jueves, octubre 29, 2020
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Los “gonzalitos” vinotintos

Yangel Herrera y Darwin Machís
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“Esta sociedad familiar que no acepta deserciones a la cervecita cotidiana, que convierte a González en Gonzalito, justamente el día que González es más González que nunca, esta sociedad de complicidades, de lados flacos…”

José Ignacio Cabrujas, uno de los grandes retratistas de esa sociedad venezolana que se enrumbaba al Siglo XXI retrataba a un eminente cirujano de posible apellido González, quien recibía un agasajo en aquella UCV, tras muchos reconocimientos por un procedimiento especial para tratar una afección en el corazón, alabado en revistas internacionales.

Pero, recuerda Cabrujas en esa entrevista realizada en 1987 para la revista Estado y Reforma, que una vez empezó a correr el alcohol, empezó el desmérito del coterráneo. “¿Cómo fue ese pegón, Gonzalito, si a ti te “rasparon” en Anatomía II? !Si tú eras más malo que el carajo!”, le recordaron sus colegas.

Y añadía en la reflexión: “porque si te la das “de”, yo te desmantelo, yo acabo contigo, yo digo la verdad, yo revelo quién eres tú en el fondo, qué clase de pillín o de sinverguenzón eres tú”.

A veces hago un ejercicio necio de intentar analizar a la sociedad venezolana a través del fútbol, un deporte que casi no influye en la misma y termino donde siempre, en el béisbol, de donde casi han robado toda su jerga para la vida cotidiana.

Pero vamos, eso no quiere decir que el fútbol no refleje lo que somos. Solo miremos lo que es hoy la guerra por la FVF. Cómo se manejan los equipos. Algunas conductas comunes. Entonces, aunque el fútbol no permee nuestra tropical y caribeña sociedad, esta si lo permea a él, por más que muchos hagan esfuerzos notables por “argentinizarlo” todo.

Yangel Herrera y Darwin Machís, dos de las figuras del Granada CF.

Lo cierto es que estas anécdotas de Cabrujas me vienen a la mente cuando con cierto orgullo, hay alguna referencia a algún vinotinto que hace algo destacable en el exterior y de repente, hay que bajarlo de ahí. Porque no es el Barcelona, porque no es Messi, porque no es la Champions.

No niego que a lo mejor abrazo, en mi círculo interno alguno de estos comentarios. Porque, hay que decirlo, hay algunos futbolistas (afortunadamente no son la mayoría) que les da alergia cuando un “+58” timbra sus teléfonos. O como escuché decir a un personaje en una entrevista en un web show “los periodistas buenos se fueron del país, quedan son chamos sin formación”.

Pero esto es tema de otro día y al final, no deja de ser una rabia de momento. Hoy sí puedo decir que da cierta alegría ver a un jugador triunfando en un territorio ajeno. Primero, porque ayuda a la ya golpeada autoestima nacional, que por más guacamayas y “Saltosangeles” que nos tatuemos, sabemos que como ciudadanos y sociedad, estamos devaluados.

Que fulanito triunfe en la primera de un país más o menos futbolísticamente desarrollado, que tenga a una población a sus pies, oye, da un fresquito.

Porque muchos de esos futbolistas lograron salir y rendir en un sistema formativo incompleto. Que, salvo iniciativas de ciertos clubes, pudiéramos llamar a parte de esta exportación de talentos un milagro de la naturaleza.

 

Los vinotintos contra el desprecio de algunos de sus compatriotas

Son muchos los comentarios destemplados, por ejemplo, que la MLS es una mierda. Se llevan a lo mejor y más joven de Sudamérica, ya coloca jóvenes (y con éxito, como Alphonso Davies) en grandes equipos. Pero es una mierda. Y fulanito, un muerto por triunfar ahí.

Pues, Savarino, brilló en un equipo de esa liga y ahora brilla en los pocos partidos que lleva con Atlético Mineiro, en Brasil. Sí, el mismo Savarino que nació en Maracaibo y luego jugó en Real Salt Lake.

Y bueno, digo yo, tenemos gente en España, Italia, Francia. Responden: “sí, pero es un recién ascendido” o “es un equipo de medio pelo” o cualquier cosa. Gonzalito, vale. Gonzalito.

Jefferson Savarino

Alguien nos metió en la cabeza que hacía falta un jugador élite, en un equipo grandote, con publicidad estratosférica, que visite China y gane Liga, Champions y demás accesorios. Es nuestra nueva panacea, como si fuera la solución a nuestros males.

No sé si ese jugador esperado, el “mesías de élite” nos ayude a llenar ese complejo que en parte, es expuesto por Cabrujas. No sé, si cómo la mayoría del país creció idolatrando a Ronaldo, Ronaldinho, Zidane, Beckham, tengamos que producir uno igual para colocarlo en nuestros altares del afecto y admiración.

Entonces, González, que es reconocido por extranjeros y se lleva loas, valorémosle en su medida más justa. Ni tan tan, ni muy muy, como decían las abuelitas. Es González, ni Gonzalito ni Gonzalote. Son jugadores, que si analizamos, pueden aportar bastante. A nuestra selección. A nuestra autoestima colectiva.

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