viernes, febrero 26, 2021
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El Brígido: el olvidado consentido caraqueño

Estadio Brígido Iriarte.
Estadio Brígido Iriarte.
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El debate nacional siempre terminará en discusiones estériles cuando el fútbol es el tema central. La subjetividad raya en las evaluaciones y por eso se acude generalmente a las cifras, a los números y las estadísticas para justificar los máximos y los mínimos.

En Venezuela, cuando hablamos de estadios, siempre habrá razones para defender posiciones al decir cuál es el más querido. Pueblo Nuevo en San Cristóbal ya lleva una ventaja porque no solo el gentilicio tachirense le conoce como “el templo”: buena parte de Venezuela coincide en que el gigante de hormigón andino es el estadio más significativo del país, por la talla de los espectáculos que ha albergado y porque su gente respira fútbol por los cuatro costados. Hay un aire especial cuando uno lo visita.

En Mérida, el Soto Rosa siempre tendrá su magia, a pesar que le hayan construido un magnífico escenario unos kilómetros más abajo. En el estadio enclavado en el corazón de la capital merideña se han vivido episodios inolvidables para su gente que todo el lujo y tamaño del Metropolitano no podrá arrebatar.

El Estadio Olímpico de Caracas alardea de sus noches mágicas de los sesenta y setenta, donde lo más granado del balompié mundial pisó su pasto. El escenario universitario sigue ahí, imponente, entre las Autopistas Francisco Fajardo y Valle – Coche, aunque sin que mucha gente de la ciudad tan siquiera haya entrado a sentarse sobre su cemento y desde hace un tiempo para acá, sobre sus incomodísimas sillas de plástico.

La capital se ha convertido en estos días en centro del fútbol internacional de Venezuela. La Vinotinto por asuntos de logística, regresó al Olímpico y le ganó a Chile. Además, la Conmebol podría oficializar en los próximos días que en 2021 el coso de Los Chaguaramos albergue los encuentros de local de los equipos que por Venezuela intervengan en la Copa Libertadores, por comodidad y muchas cosas más.

Gracias a La Guaira, Caracas FC y Metropolitanos, hoy el Olímpico ha mejorado mucho su cara y, sin lujos ni extras, hoy es un estadio con los mínimos necesarios para ser un escenario internacional.

No obstante, para el caraqueño futbolero, el Brígido Iriarte representa algo muy especial. El estadio enclavado en plenas calles de El Paraíso, entre edificios y viejas casas, ha recogido batallas vespertinas y nocturnas que lo hace recibir un cariño muy particular. Para la gente de fútbol de la capital, el Brígido tiene un aura distinta. Es su escenario consentido.

¿Por qué? Al estadio se le critica estar ubicado en una zona de difícil acceso, oscura de noche y sin trasporte público accesible sobre todo los fines de semana y en horarios nocturnos, sin una estación de Metro cercana y sin un estacionamiento que haga cómo acudir en carro a ver fútbol.

Estadio Brígido Iriarte.
Estadio Brígido Iriarte.

Entonces, ¿qué tiene el Brígido? Pues bien, cuando en los ochentas y noventas el fútbol ya no era tan seguido por las masas en Caracas, se convirtió en el patio trasero del Olímpico. Las constantes refacciones del estadio de la UCV le daban protagonismo al de El Paraíso y el aficionado se sentía en un escenario acogedor: más pequeño en su aforo y más cerca del terreno de juego, era costumbre sentir el calor del fútbol entre quienes siempre se veían las caras en sus gradas, porque en la Capital, antes del “boom Caracas FC”, quienes asistían al fútbol no iban a ver a un equipo en particular: era ir cada domingo, fuera quien fuera local, a ver y vivir fútbol.

Ahí Caracas FC, el hoy poderoso dominador del fútbol nacional y único capaz de robar el corazón beisbolero a la gente de la capital, comenzó a labrar su fructífera historia. Ahí se formó su primera barra (con aquel grande y viejo trapo que en todas fotos aparecía diciendo “La Barra del Caracas FC”) y los primeros títulos se conquistaron en ese lugar enclavado en el suroeste. Además, la cercanía con la sede social del rojo (Cocodrilos Sports Park en la Cota 905), ha hecho de ese estadio una parte esencial del romanticismo que inició la corta pero rica historia del cuadro avileño.

Sé que es difícil explicarlo con letras, en una columna escrita, incluso contándolo con palabras en una charla, pero el Brígido Iriarte tiene un “no sé qué” que siempre provocará que se le extrañe. Dolía una enormidad ver la desidia con que el IND, el ente administrador de este estadio, dejaba que el coqueto e inconcluso escenario se lo llevaran los demonios. Hasta hace poco, en sus entrañas crecían niños de familias albergadas como damnificados, una de las páginas más lamentables de una cancha que tiene tantos recuerdos bonitos como episodios discordantes qué contar.

Hoy, justo cuando el fútbol nacional está en su momento institucional más crítico, el Brígido Iriarte va sanando sus llagas y con una inversión de 650 mil dólares de Atlético Venezuela y 200 mil de Petare FC, ya se deja observar el verdor de su terreno, que ha dejado de ser irregular y con una nueva grama, vuelve, como ya pasó muchas veces antes, a ilusionar al caraqueño con regresar a lo que más le gusta: ser el espectador del fútbol profesional.

Preocupa sí que quienes han puesto la plata para su recuperación no estén en su mejor momento. Ojalá que ambos equipos puedan superar esa situación para que el balompié caraqueño vuelva a contar con su consentido estadio de El Paraíso.

¡Que vuelva el Brígido, pronto!

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