miércoles, octubre 27, 2021
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La génesis de todo

La Vinotinto en el Preolímpico de Mar del Plata 1996 - Foto cortesía Edgardo Broner
La Vinotinto en el Preolímpico de Mar del Plata 1996 - Foto cortesía Edgardo Broner
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Rafa Santana armó un once sólido para el Preolímpico de Mar del Plata en 1996, que se fortalecía a partir de un ejercicio defensivo notable. La victoria sobre Colombia y el empate ante Chile se fundamentaron en eso. Los volantes ofensivos, que en esencia eran Vera, Urdaneta y Hernández, replegaban.

Dudamel, el arquero, ya tenía mucho rodaje en Colombia. Los centrales, Rey y McIntosh (ocasionalmente Rafael Mea Vitali) tenían marca y juego. Rey añadía los cambios de orientación que encontraban a Castellín o Morán por fuera. De contra, era un equipo con una pegada tremenda.

Los laterales, Filosa y Vallenilla, aportaban salida y fueron muy disciplinados para seguir el plan de Santana. En eso el DT era muy puntilloso. Íbamos a todos los entrenamientos, lo veíamos trabajar y corregir. Y si bien tuvo a Lino Alonso como aliado, ese equipo fue su obra.

La Vinotinto en el Preolímpico de Mar del Plata 1996 - Foto cortesía Edgardo Broner
La Vinotinto en el Preolímpico de Mar del Plata 1996 – Foto cortesía Edgardo Broner

Añado algo más sobre los delanteros. Castellín era un delantero al que le encantaba arrancar por afuera y muchas veces terminar las jugadas por dentro. Lo bauticé “Huracán” por la potencia que tenía: arrastraba defensores a su paso y con espacios era imparable.

Castellín era impredecible: manejaba tan bien los dos perfiles, que el defensor no intuía por dónde le podía salir. Era capaz de terminar las jugadas con pegadas al arco usando cualquiera de las dos piernas. Tenía carácter, no medía el tamaño del desafío. Un talento como pocos.

Preolímpico de Mar del Plata, 1996: la semilla del boom vinotinto

Morán era velocidad y sutileza. Un definidor pulcro, fino, inteligente. De los mejores delanteros venezolanos que vi conviviendo con la línea de los defensores. Manejaba muy bien la noción de tiempo y espacio para desmarcarse, tirar diagonales, moverse entre lateral y central.

En definitiva, un equipo que dejó huella y que acabó siendo la semilla del boom vinotinto que nació un lustro después de aquella gesta. Sí, aunque no se clasificó a los Juegos de Atlanta, para el fútbol venezolano tuvo la dimensión de proeza.

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