jueves, octubre 29, 2020
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La batalla del Hotel Lotte: Un capítulo más en la rivalidad entre Uruguay y Venezuela

Venezuela
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El primer hogar de Venezuela en Corea del Sur, en el Mundial Sub-20 de 2017,  fue la ciudad de Daejon. Ahí se instalaron para los primeros partidos y el refugio para los extenuados jugadores, que llegaban de las prácticas o partidos fue el Hotel Lotte, de la cadena del mismo nombre.

En la fase de grupos, compartían la cúbica estructura seis selecciones. Entre ellas Francia, país favorito y que veía por encima del hombro al resto de los equipos según cuentan quienes acompañan a la Vinotinto. No fue la primera provocación en un hotel que recibió Venezuela.

Venezuela, hizo su periplo mundialista por tres ciudades: Daejon, donde jugó sus dos primeros partidos, ante Alemania y Vanuatu, y a la cual regresó para octavos contra Japón y donde volvió para enfrentar a Uruguay; Suwon, donde jugó el duelo de fase grupo contra México y a donde regresará en la final; y Jeonju, simpática ciudad en la que eliminó a Estados Unidos en cuartos de final.

 

 

“Enemigos” invisibles

Desde el Centenariazo, los partidos ante Uruguay, Venezuela los toma de forma muy especial y tras ese histórico triunfo hace más de catorce años, se ha derrumbado una barrera mental y varias generaciones de futbolistas criollos ven posible ganarle a la Celeste, bicampeona del mundo y madre de grandiosos jugadores, mientras que, en camadas orientales el respeto por el color vinotinto ya es algo implícito.

Prueba de ello, es que desde 2005 en la categoría sub-20, los gurises no habían podido con los chamos en juegos oficiales, aliciente que lo tenían muy presente antes de esa histórica semifinal ante Uruguay de un ocho de junio de 2017. Fueron siete encuentros entre ellos antes de ese partido, de los cuales cuatro fueron triunfos y tres, empates (hoy son cinco empates y cuatro triunfos, se mantiene el invicto). El último antecedente antes de ese maravilloso careo, justo entre los vecinos circunstanciales, fue en el Sudamericano de ese año:0-0 en la primera fase y 3-0 en el hexagonal final.

Lotte ha sido la casa en Daejon. Y esta vez, solo comparten hotel con su rival, Uruguay y no con más selecciones. Igual, la tensión está presente y sigue siendo incómodo, peor aún porque uno de los dos quedará afuera.  Todos están en los últimos pisos de la edificación: Venezuela en el 12 y 13, la Celeste en el 15 y 16. Y el 18, es el restaurante del hotel, donde deben ir todos, en algún momento.

“(Rafael) Dudamel nos dijo que el juego empezó desde el lunes en la mañana (cuando se instaló Uruguay), ahora convivimos en el hotel. Nos dijo que ellos tienen que ser invisibles para nosotros y no pensar en eso ni prestar atención a lo que nos digan, no responder, ignorarlos, seguir de largo. Sabemos que en su gentilicio futbolístico son provocadores”, comentó Jesús Berardinelli, en ese entonces vicepresidente de la FVF y cabeza de delegación desde Corea del Sur en un contacto para Conexión Goleadora, previo a la semifinal.

“Hoy (un día antes de aquel partido de 2017) se decían entre los uruguayos en los pasillos que tienen 20 años (son doce) sin ganarle a Venezuela en la sub-20. Decían ‘eso se acabó’. No sé si sea para provocar pero lo mejor es ignorarlo. Tratamos de comer a horas distintas. Los muchachos son muy maduros y creo que lo han llevado bien. Pero sí creo que estos días serán de mucha tensión”, cerró el directivo.

Todo a unos pocos pisos y habitaciones de distancia.

 

Un partido inolvidable

Venezuela buscaba su primera final en un torneo FIFA. El rival, linajudo, con varios jugadores comprometidos con los grandes del mundo, pero con el temor a cuestas de quedar afuera de la carrera por el trofeo ante un país no tan conocido por ser futbolero, pero que desde hace rato le tenía la medida tomada.

En el estadio Mundialista de Daejon fue la cosa. Una selección vinotinto muy segura de sí misma planteó un buen primer tiempo, pero el rival también llevó peligro.

Arrancando el segundo tiempo, cayó un penal para la Celeste, que convirtió Nicolás de la Cruz. El panorama empezaba a ensombrecerse.

Pero si algo caracteriza al joven venezolano es su irrestricta irreverencia. Adalberto Peñaranda, ya con recorrido en selección absoluta y Europa fastidió, con su verbo incendiario, varias veces a sus rivales. No pocas veces “picaron” y ganó unas faltas.

El reloj seguía avanzando y los uruguayos caminando hacia la final. Se cumplió el tiempo reglamentario y la hazaña criolla de alcanzar una final se esfumaba.

En los últimos instantes, un pase largo que recibió Yangel Herrera en el balcón del  área se convirtió en la última bala vinotinto. Al capitán lo derribaron por detrás y provocó una falta. Una falta que parecía la salvación.

El tiro parecía indicado para Samuel Sosa. Por lo practicado, por lo que le había visto Dudamel. El valenciano, que tenía menos de 20 minutos en la cancha parecía tener la determinación para pegarle. Apareció Peñaranda, que también tenía ganas y sentía que podía meterla desde allí.

El técnico, rápidamente llamó a Herrera y le dijo “dile a Peñaranda que le deje pegar a Sosa, que esa es buena para él”. Sosa, un año menor que el “año” de la categoría guardaba mucho respeto por los compañeros más recorridos y nunca le iba a discutir un tiro a uno de los referentes.

 

 

Frente al balón, se colocó Adalberto. A un costado del mismo, Sosa. Pequeña carrera para el valenciano y sacó un tiro con curva. Toda Venezuela vio en cámara lenta cada giro del balón, desde que salió del pie del volante, cuando superó la barrera y la garganta se iba afinando cada vez más cuando la trayectoria del redondo objeto parecía indetenible hacia el destino soñado: la red. Gol, a celebrar. La vida dio una nueva oportunidad. 1-1.

El partido fue a prórroga. Igual de tenso, con igualdad de ocasiones. La definición por penales permitió brillar a una de los héroes de la patria: Wuilker Faríñez. Primero abajo y a la izquierda: no entró el balón de José Luis Rodríguez. Dos penales después, en el quinto de Uruguay, Faríñez enfrentó de nuevo a De La Cruz.

Se lanzó hacia el mismo lado del primer tiempo. El balón para allá, algo tirado al centro, pero el guardián de Catia tuvo chance para una última reacción. Estirando la mano derecha mientras volaba hacia el palo alejándose de la esférica, evitó que la pelota entrara. El sueño se hizo realidad: Venezuela estaba en una final de un Mundial de la FIFA.

 

Venezuela

 

Y de vuelta al campo de guerra

La herida abierta quedó y ambos debían seguir compartiendo hotel. Claro, con la diferencia de que Venezuela iba a la final con Inglaterra y Uruguay, al duelo de tercer y cuarto lugar con Italia.

Previo a la final, ocurrió una pelea entre ambos planteles: “En el hotel, antes de la final, venía Peñaranda caminando y le dan un coñazo. Obvio que se va a armar esa grande, porque le están pegando a un compañero y ahí nos metimos todos”, contó Soteldo al llegar a Venezuela.

“Nosotros nunca provocamos ninguna pelea, aunque sabemos cómo es Peñaranda, pero son cosas del juego”, añadió Soteldo. “Ellos estaban dolidos con nosotros (porque) no aceptan que somos superiores que ellos, y no se lodécimos de la boca para afuera, sino que se los demostramos tres veces seguidas”.

Una fuente del hotel explicó a Meridiano que luego de la cena grupal previo a la final, los jugadores uruguayos Rodrigo Amaral, José Luis Rodríguez y Nicolás Schiappacasse atacaron a Peñaranda en el ascensor. En Uruguay aseguran que fue Peñaranda quien provocó a los rivales ofreciéndoles entradas para la final. Del lado vinotinto, se jura que ya le habían dicho cosas a los venezolanos. Lo cierto es que un golpe a un Adalberto desprevenido encendió la guerra.

Los vinotintos no tardaron en reaccionar. “Eso fue coñazo para aquí y para allá. Nos querían perjudicar porque nosotros sí estábamos en la final”, dijo Peñaranda meses después.

La gresca fue tal que tuvo que intervenir la policía local y la FIFA abrió un expediente disciplinario a ambas selecciones. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, en esa noche, estaba en el lobby del Lotte.

Un capítulo de una rivalidad entre venezolanos y uruguayos que han tenido a todo nivel, una rivalidad incipiente en este siglo XXI. En ese mundial, Venezuela se salió con la suya.

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