miércoles, octubre 27, 2021
Columnas

El Maradona de los venezolanos

Diego Maradona con gorra tricolor.
Diego Maradona con gorra tricolor.
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El futbolero venezolano da pasos en falso, pensando cómo comportarse en la hiper-realidad de las redes sociales en este funeral global por el fallecimiento de Maradona.

Va con temor. Solo los suyos lo entienden: Diego fue uno de los más grandiosos futbolistas que dio la historia. Para muchos el mejor. Pero sin duda, está en el Olimpo de los reyes de balón, donde un mínimo puñado puede estar. Y falleció.

Se llevó un poco del alma de los que nos gusta el fútbol. A los que lo vimos en vivo, cuando la televisión con timidez empezaba a colonizar cada rincón del mundo, nos hizo latir el corazón de forma acelerada. Fue uno de los primeros grandes ídolos mediáticos, que se podía apreciar su gracia a través de la imagen y no de la letra o del sonido.

Por eso, para muchos, cuando decían “Argentina”, en cualquier país respondían “Ah, Maradona”. Hoy, la cosa es con Messi.

Maradona, en su andar por la cancha pasó por Venezuela varias veces. Y cuando salió de ella, también, pasó, desgraciadamente, no pocas veces.

 

El mercadeo

Creo que los humanos tenemos la tendencia de edulcorar las cosas. Un gran héroe de independencia, era absolutamente bueno y quizás, un español realista era absolutamente malo. Pero, esas personas, humanos al fin, tienen luces, sombras, virtudes y defectos.

Con Maradona, su grandeza en la cancha podría quedar eclipsada con una vida de desastre, de desafuero. De decadencia auto-infligida. “Dentro de la cancha, quisiera ser Maradona, fuera de ella, para nada”, comentó alguna vez su compañero de selección y amigo, Oscar Ruggeri. Su vida fue caótica y muchas veces coqueteó con la muerte. Drogas, adicciones, ruina, posiciones políticas realmente cuestionables… al punto que sus últimos días estuvo rodeado de empleados, peleado con sus hijos por disputas por dinero. Lejos de la alfombra verde, fue una figura para nada ejemplar.

Cuando Diego salió de la cancha, su paso por Venezuela fue desgraciado. Gustavo Cerati murió de una sobredosis en Caracas y Diego, sepultó el cariño de millones de venezolanos al pararse firme con un gobierno que ha sido duramente cuestionado, que ha separado familias y que es responsable de una crisis sin precedentes. Dos deidades argentinas con dos formas distintas de morir para un país ajeno.

Diego Maradona.
Diego Maradona.

Maradona, por el hecho de retratarse y apoyar (sin demasiada pasión a decir verdad, simplemente colocando su imagen) al chavismo le hizo ganarse el odio de muchos.

Al igual que su cuestionable entorno,  Maradona aparecía a la carta. Para una campaña política, para la inauguración de una Copa América, para una fotico. Con algo de marketing, posando con su gorra del 4F en juegos donde dirigía.

Para mal o para bien, Maradona no era políticamente correcto y poco le valió la opinión del resto. Las repercusiones. Rumores iban y venían de los pagos que recibía por estar del lado rojo, sin contar el daño que hacía a su imagen ser vinculado a un régimen acusado de violar derechos humanos.

El venezolano que no conoce de fútbol y en especial, del impacto cultural del transitar de Maradona (el significado político del gol del 86, el hacer ganador a una ciudad marginada como Nápoles) lo tacha de drogadicto, agresor de mujeres, defensor de gobiernos totalitarios. Y no es tan alejado de la verdad, pero no es un todo.

 

La polarización en Venezuela alrededor de Maradona

Posiblemente, Venezuela es el país en el mundo donde hay más polarización sobre la muerte de Maradona. Ni siquiera en Inglaterra, su víctima eterna, se duda de que se debe guardar respeto luctuoso. Y es que la realidad nos ha azotado, nos ha roto el tejido social. No se está asistiendo al luto de un jugador maravilloso, es la muerte de un personaje que apoyó a un régimen que separó familias.

El fútbol no escapa a la realidad desquiciante del venezolano. Si alguien triunfa de súbito, se le examina sí estuvo parado en algún bando político. Y no hay salvación: tanto el gobierno como la oposición va a estigmatizarlo.

Maradona, con toda su aura de grandeza, no escapó a esto, a esta realidad que amarga a una sociedad día a día. Pero que solo parece afectar a la sociedad venezolana en un día como hoy.

Mientras, los futboleros criollos hacen malabares. “Lo admiré como futbolista pero como persona no”, es un argumento de los que intentan defender su duelo. Son inútiles las maromas para evitar los linchamientos morales.

De igual manera, el mundo no lo va a recordar así. El “ombliguismo” venezolano se frustrará una vez más al ver que en los resúmenes internacionales ni se asoma su “afecto” al chavismo. Serán horas y horas de goles, de su etapa de drogadicción, de desaires con la prensa, de hijos reconocidos y no reconocidos, de su estampa de último jugador del pueblo. Su apoyo a este gobierno si acaso, llegará a ser un pie de página. La misma historia, exceptuando el proselitismo interesado, lo irá borrando.

Mientras, en silencio, como los funerales de antes, los futboleros criollos prefieren callar. Recordar en silencio las buenas jugadas y olvidar lo mítines donde era un monigote más. El deseo en el fondo de sus corazones es potente: que pasen los malos tiempos y recuerdos de este país, pero que queden para siempre las jugadas del “10”.

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