domingo, diciembre 5, 2021
Análisis de la VinotintoEliminatoriasLa Vinotinto

Aquellas tardes de “ligadera”

Nahuel Ferraresi
Nahuel Ferraresi
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Me llenó de mucha emoción que RPP, la red de emisoras más grande de Perú me tomara en cuenta para ser su reportero de cancha en Caracas y cubrir cada paso de la tropa de Gareca. Estaba en dos dimensiones: me tocaba reportar la apatía en la capital por una selección descafeinada, sin vida y sin chance, mientras, del otro lado de la llamada, había ansiedad y emoción por las posibilidades de ir a Qatar. Hasta el presentador de noticias más circunspecto dejaba deslizar agitación.

Me vinieron varios recuerdos a la mente, de esas tres eliminatorias (Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014) en las que se peleó por ir a un Mundial. Sentí un poquito de nostalgia mezclada con envidia. Sé lo sabroso que se siente estar peleando, con ilusión, por una meta.

Perú cierra el año quinto. Como lo cerró Venezuela en 2011. Recuerdo claramente en Pueblo Nuevo un cabezazo de Vizcarrondo a Bolivia que trasladó entre mi círculo de colegas cercanos una frase parafraseada del béisbol: “Este año nos comemos las hallacas en zona mundialista”.

Darwin Machís
Darwin Machís

Todo eso quedó atrás. Siete puntos de 42 posibles. Un técnico interino que duró más que el fijo. Ya se ha hablado tanto de que nos trajo hasta aquí, que cansa. Desgasta.

Venezuela está eliminada y desde hace rato. Se espera una despedida, un cierre de premundial digno, decoroso. Pero no. Esas pinceladas, que sirven de reducido consuelo (somos más ofensivos, mira lo bien que juega tal lateral) aún no tienen lienzo para el futuro y el pintor se ha tardado en llegar.

Y la desazón se hace presente. ¿Qué tanto puede trabajar a profundidad Leo González, si desde que lo llamaron, sabe que no se queda para 2026?

Lo que tuvo, el trujillano armó un equipo, intentó ganar. Hubo cosas buenas, pero no. Solo se ganó una vez y la Vinotinto sigue muy en el foso. Se le agradece poner la cara ante una tormenta que no le corresponde. Y ojalá, hubiese dirigido en circunstancias más sanas, para una evaluación más justa.

 

Otro “casi”

Hay que decirlo: el duelo contra Perú fue bastante parejo. Ataques iban, ataques venían. Ellos tienen a un Giancarlo Lapadula que ataca los espacios, tiene geniales movimientos sin pelota y se mueve como zorro entre los defensas; la Vinotinto con juego directo rompía la tenencia propia del Perú.

Cada uno con sus armas hacía daño. Pero, Perú enseñaba nombres (añadir a Cueva, al inmenso Tapia y al héroe, el portero Gallese) y trabajo, maduración, ciclo. A Venezuela no le bastaron las buenas intenciones, ni las individualidades ni el desborde. Era un duelo muy parejo, que simplemente ganó el que venía trabajando más.

A González se le agradece el atrevimiento: soltó bien los laterales. Ronald Hernández fue un elemento ofensivo con buenos argumentos. Tomás Rincón rinde bien, descolgándose un poco para atacar también, e incluso, hasta Ferraresi tuvo conducción al territorio rival.

Pasa que, cuando no se tiene tiempo de trabajo, se desequilibra el equipo. El repliegue no fue adecuado y ahí Perú tenía para morder. Llegó y metió miedo. Claro, queda en el recuerdo un gol inca fortuito desviado por la barrera. Y aparte, un penalti fallado que pudo ser un 2-1 que encaminara a otra cosa.

Y en eso nos hemos desvivido en los últimos tiempos de esta selección: ¿qué hubiera pasado si…? Si Machís metía el penal, si el disparo de Cueva se estrellara en la barrera. Si estuvieran disponibles Salomón y Yangel. Si hubiese un técnico trabajando con un proyecto a largo plazo. Si no hubiera tanto bochinche federativo.

Y cerramos el año desde el punto inicial: con incertidumbre, recordando otros momentos, donde la ilusión tenía de qué sustentarse. Aquellas tardes de “ligadera”, porque se merodeaba la zona de clasificación.

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