sábado, octubre 23, 2021
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A 20 años del “Pachenchazo”: La partida de nacimiento de una nueva Vinotinto

La Vinotinto que venció 2-0 a Uruguay en el "Pachencho" Romero
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Le pedí, con mucho cariño e ilusión al productor de nuestro programa de radio, que, siendo justo el día sábado 14 de agosto el aniversario 20 del “Pachenchazo”, preparara un programa con todo lo que significó para el fútbol nacional esa victoria de la Vinotinto ante Uruguay, 2-0.

El joven, se mostró ilusionado, pero no con la euforia nostálgica de quien sí lo pudo vivir. Y reparé en algo: ¿Luis, de verdad viste el “Pachenchazo”?

Obvio, no. “Nací unos meses después”, dijo. “Pero mi padre y mis tíos me han contado sobre ese partido”.

El once de Venezuela ante Uruguay el 14 de agosto de 2001

El “Pachenchazo” ha envejecido. Y lo ha hecho bien. Prueba de ello, es que hay una generación que no concibe a una Vinotinto humillada en el continente, goleada y sin posibilidad de victoria. La vieron ganadora, inspiradora y unificadora. Y quizá, por eso, muchas veces se le exige por encima de sus posibilidades.

En un país de escasa memoria histórica en lo deportivo, el hecho ha podido trascender de generación. Sí, hay que contar también que hubo una Vinotinto a la que llamaban “La Cenicienta” y ese partido, más los otros siguientes, le torcieron el brazo a la historia.

Porque, nadie, en su sano juicio, imaginó que Venezuela le ganaría por primera vez a Uruguay. Mucho menos, ganar de visitante, a Chile, 1-2. ¿Suerte? Luego vino el triunfo sobre Perú 3-0 y ante Paraguay 3-1. La Vinotinto no cerró última.

Una racha histórica que dio paso a ilusionar a todo un país con un Mundial posible. Por primera vez, Venezuela no era última.

 

Un gol vinotinto, una historia

Ruberth Morán recuerda desde Sevilla lo ocurrido hace 20 años. Está allá, algo contento porque terminó el curso de entrenador UEFA Pro y espera volver pronto a los banquillos.

El merideño marcó el primer gol de ese partido, que culminó con un remate in extremis de Alexander “Pequeño” Rondón para liquidar al sorprendido rival, que necesitaba esos puntos para ir a Corea y Japón 2002.

La verdad fue bastante polémica mi convocatoria, ocho meses sin jugar por una ruptura de ligamentos anteriores cruzados”, suelta de entrada el atacante. Pero Richard (Páez) me fue a ver a Mérida, yo estaba de pretemporada con Estudiantes y él estando como médico traumatólogo y exfutbolista tuvo buen ojo y me vio bien. Me dice extraoficialmente que me convoca, me lo dijo en privado y creo que es la única vez que hace una convocatoria así, extraoficial”.

Richard Páez abraza a Ruberth Morán. Foto de Diario Panorama
Richard Páez abraza a Ruberth Morán. Foto de Diario Panorama

Richard Páez tomó el equipo a principios de 2001 tras la renuncia de José Omar Pastoriza. Páez, aclamado por la prensa para que tomara la selección tras la maravillosa actuación del Estudiantes de 1999, no tenía mucho crédito para ese partido.

El doctor siempre fue frontal y polémico. Algunos decían que fue una decisión del presidente de entonces, Rafael Esquivel para “quemarlo”. Nadie saldría ileso de una eliminatoria condenada al sótano. Y fracasar con la selección nacional significaría acabar con el buen nombre ganado de Páez.

Richard no había podido sacar resultados positivos, teníamos buenas presentaciones pero no había terminado de ganar, se le fue un partido ante Colombia en San Cristóbal que teníamos ganado, estaba en tela de juicio el ciclo de Richard. A él le dieron un sartén caliente, pero no por el mango”.

Ahí es cuando cobra valor su apuesta. Morán, criticado con dureza por ser llamado tras ocho meses de inactividad.

Me conocía el libreto, desde Estudiantes lo conocía, mi tarea en el frente de ataque”, recordó. Morán se prometió volver mejor de la lesión. Aparte, la noche antes del juego, su hermana menor, la consentida, cumplía 15 años. Sabemos lo importante para una familia venezolana cuando la niña de la casa llega a esa edad. Pero Ruberth estaba comprometido.

Juan Arango ante Uruguay. Foto de Diario Panorama
Juan Arango ante Álvaro Recoba, de Uruguay. Foto de Diario Panorama

Trabajábamos en Casa Italia, en el Pachencho, en el Centro Ítalo. Elvis Martínez era mi compañero. Memoricé mis desplazamientos, mis movimientos. El Pachencho me era muy familiar (NdE: salió campeón con Atlético Zulia), el viento, la textura del césped… Le dije a Elvis que iba a tomar revancha de mi carrera. Y él me dijo: “Confíe en Dios y la Virgen María santísima, que todo nos va a salir bien”.

Con el rezo de buenos andinos, se fueron a dormir.

 

Grito rabioso

La narración del canal uruguayo no lo podía creer. Su incredulidad queda inmortalizada en YouTube. Venezuela atacó y atacó. Morán estrelló un balón en el travesaño, llegaban con desparpajo, pero la pelota no entraba.

Fue un primer tiempo duro para Uruguay, que se estrelló con un pletórico Rafael Dudamel. La presión era para la visita.

En el complemento, la suerte apareció.

Yo le hice una habilitación a “Cari Cari” (Noriega), para definir y la manda por arriba. La siguiente, hacemos un cambio de posiciones, me voy a la izquierda y el a la derecha y me devolvió el favor. Hizo la ruptura, y sin entrar al área chica la crucé, rasante, no se pudo ni lanzar el portero. Recuerdo que celebré con el público, fue una celebración de mucha rabia contenida, por haber sufrido por tantos meses, por haberla superado y volver como un cuento de hadas. Ni Disney tuvo un libreto tan redondo”, sonríe Morán.

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La gran apuesta de Páez funcionó.

Ruberth, con pecho descubierto y con camiseta volteada por detrás del cuello le gritó al público, le gritó a la vida. Sin decirlo, le celebró sus “quince” a su hermana. Y se sacudía décadas de burlas.

El grupo respondió con la calma de un veterano de mil guerras. Aguantó los embates del rival, pero supo devolver en contragolpes, pues un Uruguay desesperado adelantó líneas sin conciencia.

Y así, besando el final, apareció un contragolpe que solo Giovanny Pérez sabrá si fue un remate o un pase. Pero lo importante es que entró como una lanza “Pequeño” Rondón para rematar y ponerle candado a un partido que es un antes y un después en la historia.

Le sacamos la partida de nacimiento a una nueva selección”, comenta Morán, como si exhalara aún, de agotamiento, tras terminar el partido.

Rafael Dudamel. Foto de Diario Panorama
Rafael Dudamel. Foto de Diario Panorama

Aún todos los que jugaron su camiseta conservan la suya. Morán, jugó con “18” que perpetuó Arango, que en ese juego usaba la “10”. Era tan precario todo que tenían que devolverlas a la federación. “No quisimos cambiarlas, ni tampoco entregarlas. Eran nuestras, nuestro recuerdo de algo histórico. La mía la tengo enmarcada en mi casa”, agrega Morán.

Maracaibo con su ambiente… Ese entorno, esa tranquilidad, porque en San Cristóbal o en otra ciudad parecida no hubiésemos tenido esa tranquilidad. Fue importante creer en nosotros mismos y es el legado que queda: creer en nosotros, en Venezuela”.

Veinte años después no hay que olvidar de donde se viene. Qué la historia se rompió, que la selección demostró no ser una comparsa, un requisito y tiene el deber sagrado de competir, de luchar. Ante Uruguay se inició una racha de cuatro partidos que hicieron que un país se volteara a ver a su selección, tras décadas de caras pintadas de otros colores. Y que aparte, esa selección, fuera punto de encuentro en un país dividido.

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