domingo, diciembre 5, 2021
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Vinotinto: Ciclos sin romper

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Peter Senge, uno de los pensadores más influyentes del mundo, en su libro “La quinta disciplina” demostró que los países, las empresas, las familias, y general todos los grupos sociales, tienen una dinámica de comportamiento en el tiempo de carácter cíclico, de causa y efecto. Una causa produce un efecto y el efecto refuerza la causa, la cual a su vez fortalece el efecto que la originó, maximizando el impacto en el tiempo, este ciclo se produce sin fin. Los ciclos tienen el potencial de convertirse en un círculo virtuoso del éxito: el éxito llama a más éxito, o en un círculo vicioso del fracaso: fracaso nos lleva a más fracaso.

La selección vinotinto parece atrapada en un loop en el remate de 2021: viene un técnico extranjero. Bueno en realidad, no viene, sigue Leo González el cual es anunciado apenas, apenitas, con unas pocas letras, asomando apenas su figura en el mar de nombres de la convocatoria. Se caen jugadores, varios de antemano no participan.

Darwin Machís y Carlos Gruezo
Darwin Machís y Carlos Gruezo

Se va de visitante contra un rival. La preparación no es buena. Está la ilusión latente de que se pueda ganar. Hay pinceladas, disparos idos por pocos centímetros. ¡Uy! ¿Será que podemos? Pelota quiera. Error defensivo. Gol. Desánimo, derrota. El colista sigue colista.

El ciclo pesimista de la selección también incluye el rescate, en consuelo exiguo, de las mejorías que sacamos con pinzas luego de cada caída. “Se defendió bien”, “llegamos más”, “este jugador promete”, cuando la realidad es que el rival celebra y los tres puntos son de otros.

Antes del partido contra Ecuador, una fuente del cuerpo técnico nos confiaba que, con la incertidumbre de la designación de Leo González, era imposible planificar una buena excursión a los 2.850 msnm de Quito. Luego del compromiso, una fuente federativa nos confirmaba que Eric Ramírez fue sustituido porque “le pegó la altura”.

¿Qué le quedó al cuerpo técnico? Al igual que los partidos anteriores, al igual que ocurrió con Peseiro, armar una alineación en función de cómo amortiguar las virtudes el rival, con lo que hay disponible, con lo poco que se pudo trabajar.

 

Hay que jugar, pues

Ante este panorama, a González se le ocurrió desempolvar la línea de cinco (o tres más dos carrileros) del portugués. Hay dos motivos principales: Uno, defender en bloque bajo, para diluir contragolpes de los ecuatorianos, que en su hábitat, conocen cómo y cuándo correr. Cómo ganar las espaldas.

Segundo, hacer el menor gasto posible en lo físico. Sí, recuerden lo anterior: no se pudo hacer una preparación “de altura” (disculpen mi fallido intento de hacerlos reír en este enésimo despecho vinotinto), entonces la disposición en la cancha no debía incluir largos recorridos, ataques puntuales y esos ataques, cristalizarlos.

El plan funcionó: un Ecuador para nada brillante (sin Enner Valencia, ni Ángel Mena, ni Pervis Estupiñán, entre otros ausentes) estuvo a raya, no pudo sobrepasar el sistema defensivo vinotinto. Y por contraparte, pocas, pero contundentes llegadas criollas.

Venezuela es última en las Eliminatorias a Qatar 2022
Venezuela es última en las Eliminatorias a Qatar 2022

Pero… un tiro libre al minuto 41 de nuevo revivió fantasmas. La pelota quieta, muy mal defendida por Venezuela en tiempos recientes, de nuevo permitió al prometedor central de Bayer Leverkusen, Piero Hincapié, marcar ante la mala marca de los tres centrales y el terrible timing de Rafael Romo, el arquero.

Entonces, empezar de nuevo. Como Sisífo, con la piedra, a la montaña. Sí, parecía que la roca llegaba a la cima, pero, otra vez, para abajo.

Qué más se puede agregar: Ecuador cocinó a fuego lento a Venezuela, que buscaba atacar, con el éxito ausente. El partido pasado ante Ecuador, el triunfo en Caracas, se esfumó en la planificación. No se acercó al ritmo trepidante que logró un justo triunfo en la UCV, el único lugar en la eliminatoria donde Venezuela suma puntos, donde se ha atrevido a ganar.

El martes ante Perú, ojalá al menos se cumpla este ciclo, el de ganar en Los Chaguaramos. Quizás, para terminar el año con algo de decoro.

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