lunes, noviembre 30, 2020
Análisis de la VinotintoColumnas

Salomón Rondón y el sacrificio espartano

Salomón Rondón
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En la antigua Esparta, los niños debían cumplir con una educación particular, enfocada en crear guerreros para alimentar el ejército más poderoso de Grecia.

Desde los siete años eran separados de sus casas para ir al agogé, a entrenarse con dos vertientes morales fundamentales: disciplina y sacrificio.

En la vía entre Caracas y Maracay, una soleada tarde del año 2005, Rafael, que no era un general espartano pero si un profesor de química y padre abnegado, llevaba a su hijo de 16 años de edad al estadio Hermanos Ghersi, a cumplir con su respectiva cuota de sacrificio espartano.

Ese día, contaron ambos en algún momento, su hijo José Salomón Rondón, le dio de golpe la noticia. “Papá, yo quiero ser futbolista profesional”. El sabio hombre lo miró, y con la brisa resonando en el carro que él manejaba, se detuvo brevemente a un lado de la carretera, y le dijo: “Está bien. Pero te tienes que sacrificar. Terminas el bachillerato, y después, hablamos del profesional. Además, vas a ser tú quien le diga a tu mamá”.

Desde ahí, y quizás mucho antes, Salomón Rondón aprendió el significado del término sacrificio.

Cambios

El Salomón Rondón que llegó a China hace año y medio, evidentemente, es muy diferente de aquel día en la Autopista Regional del Centro junto a su padre.

Le ha tocado evolucionar, adaptándose al juego que le ha correspondido hacer, conduciendo su carrera como un delantero que además de anotar, debe tener otro tipo de funciones dentro de la cancha en pro del sistema de juego.

¿Dónde está el convencimiento de José Peseiro en sus ideas?

José Peseiro no se conseguirá con el vivaz y rápido atacante que tuvo Manuel Pellegrini en Málaga, por ejemplo, en una de las etapas más productivas del caraqueño en su carrera. Puede que esté más cercano, quizás, a la versión del Zenit de André Villas Boas, donde participaba de endiablados circuitos de pases con Dany Alves (el luso-venezolano) y Hulk, anotando goles y divirtiéndose un montón.

Pero, las constantes separaciones de casa (a los 17 ya estaba en Las Palmas de Gran Canaria, a los 20 en Málaga, y a los 23 en la fría tundra rusa de Kazan), los técnicos de esquemas más cerrados y menos proclives al juego asociado, que vieron en las características físicas de Salomón un blanco ideal para lanzar balones en largo, y que él pudiera bajarlos y ser quien inicia las jugadas con ese primer toque al espacio; fueron modelando la versión de hoy. Forjaron al ariete, en la disciplina y el sacrificio.

 

Lo táctico

Hoy en día, Salomón Rondón es un delantero de abrir espacios. Es ese niño atrevido que abre la cortina un sábado por la mañana, para dejar que todo el sol se meta a la casa. Por sus dimensiones, y el peso de su trayectoria, está en la mira de las defensas rivales, y sobre él cae el peso de los marcadores rivales.

Así, aprovecha su estatus y su fortaleza, para arrastrar a los centrales lejos de su zona. Esto será fundamental para José Peseiro en esta primera etapa, cuando necesita resultados, y apostará a las sociedades rápidas desde la mitad del campo hacia arriba.

Con ese “trabajo sucio”, lejos del gol, rebotando balones y ayudando fuera del área, puede generar los espacios para que entren más diagonales de Darwin Machís, de John Murillo, de Yeferson Soteldo, de Jefferson Savarino o de Rómulo Otero.

Esa labor, claro, implica sacrificio. El sacrificio de estar lejos de su hábitat natural, el área; y por consiguiente, lejos del gol. Y más allá de que es el ariete con más goles en la historia de la selección (30 y contando); muchos le reclaman la falta de efectividad en duelos oficiales (12 de los 30 tantos son en partidos por los puntos), sin evaluar cuantos tantos cayeron también como consecuencia del “trabajo sucio”, de su cuota de disciplina y sacrificio.

Salomón Rondón
Rondón es el goleador histórico de la Vinotinto con 30 dianas en su cuenta.

Puede que después de terminar la etapa de consolidación de Peseiro, Rondón sea más aprovechable desde la gestación de sociedades por  el medio, sin olvidarse de la brega y la pelea con los centrales, de la presión a la salida del rival.

En China, de la mano de Rafael Benítez, a quien fascinó en el Newcastle de Inglaterra, Rondón ha sumado más enteros a esa capacidad de entrega por su equipo, sin sacrificar su cuota goleadora. En el reinicio post pandemia del torneo en suelo asiático, marcó 9 goles en 14 partidos y dio 4 asistencias, participando en el 72% de los goles del Dalian Yifang. Es cierto, es un torneo de menor talante, pero Rondón cumplió con su parte.

Pero la última imagen, no está asociada a un gol o a una asistencia. Fue su discurso, de líder de vestuario, tras la obtención de la permanencia en la primera división. El líder, para serlo, tiene que ser sacrificado. Así es la ley de Esparta.

Rondón tiene ahora, su última cuota de sacrificio por delante. Comienza la eliminatoria Suramericana para él, y el que puede ser su último tren a un Mundial. ¿Podrá aprovecharlo?

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