jueves, mayo 6, 2021
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El fútbol venezolano, ingrata relación de amor

El Día del Amor... y el fútbol.
El Día del Amor... y el fútbol.
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Con furia contenida, un viernes por la noche que se supone de juerga, decidí vaciar los malestares de la amargada vida cotidiana del venezolano común haciendo un viaje en el tiempo. Nirvana, para este servidor, es la mejor banda que ha existido y a quien escribe, poco le interesan los argumentos rebatibles. Si aquella melódicamente es mejor, si la otra es menos estridente, si aquella es de líricas más pensadas. Nirvana, es, nirvana. Y no lo discuto.

Pero cuando se tienen treinta y tantos, se ha vivido, viajado, leído y aprendido, las perspectivas de las cosas cambian. Se aprecia y el universo cognitivo, obviamente es más amplio. Pues, en esa arrechera de viernes por la noche, pasó por mi “playlist youtubero” el video de Sliver, de la mejor banda de la historia, repito, Nirvana.

Los trepidantes repiques de batería y la voz desgarrada de Kurt Cobain le dan esa sensación catártica que necesitaba. La melodía fue, es y será una terapia de desahogo. De una adolescencia frustrada y una adultez con sus bemoles.

El Día del Amor... y el fútbol.
El Día del Amor… y el fútbol.

Pero, creo que ese adolescente no reparaba en el dulce caos de la decadencia de un video que con esfuerzo supera los dos minutos de gritos y riffs. Posiblemente (perdón si ofendo al realizador) no seguía ningún orden artístico, pues a veces, el caos es arte. Es un desorden con las pinceladas de irreverencia absoluta de un Cobain, que al igual que la mayoría de mis ídolos, ya no está en la tierra.

¿Es el caos hermoso? Pues, depende de donde se vea. Hacer tours sobre velorios de fallecidos por sida (una de las cosas que más me llamó la atención de mi visita a Sudáfrica) para el turista puede ser interesante, pero para los deudos la cosa no es tan graciosa.

El fútbol venezolano es caótico. No lo ocultemos, no le hace bien. Hay gente que quiere hacer creer que si hablas bien de él, como dicen las tías de uno, las palabras tienen poder y va a transformarse (¿o transmutar, era la cosa?) en un ente ejemplar.

“Tienes que aportar”, te dicen directivos, entrenadores, colegas. Sí, colegas. Aquí Cobain viene y lanza y guitarra contra el piso, y mientras el mástil se vuelve añicos y las cuerdas pierden toda tirantez, se debe decir ¿Qué más aporte que señalar lo que está mal? ¿Te parece poco?

Estadio Antonio José de Sucre.
Estadio Antonio José de Sucre.

Hoy es el Día de los enamorados, o del Amor. Y la amistad, para que no se sientan mal los que no tienen pareja. Y vaya que no hay amor más ingrato que el de este fútbol.

Porque para los que tienen el poder, los de esta acera somos tira piedras. Para muchos jugadores consagrados, la llamada de un +58 da como asquito. Sientan mejor los medios de afuera. Y para muchos fanáticos, si uno no concuerda, uno es un hijo de puta. Sin más. Ah, y tampoco uno se hace millonario con esto.

Creo que los aficionados tampoco es que estén muy correspondidos, alegrías deportivas aparte. Son muy escasos los planes de marketing para ellos y para la mayoría, la experiencia de llegar y estar en el estadio no es la más agradable. Comprar la camiseta de tu club, no es tan fácil como en otros lares (amén que tengas el dinero, claro). Cada vez hay menos medios para informar y hay que sacar una atarraya en Twitter para pescar información. Y claro, tener listos los puños porque abundan en este mar los aficionados maleducados y picapleitos.

Pero, por algún motivo uno sigue ahí, en este caótico pero maravilloso escenario. Es una relación de amor muy difícil de explicar. Estar al lado de este fútbol da alegrías, viajes y muy, muy buenos amigos. Recorrer tu país es una maravillosa bendición. Y encontrar gente querida en cada rincón de Venezuela, que se esfuerza para que todo sea mejor, llena el corazón.

Siempre le digo en broma a mis amigos: “Qué fastidio debe ser cubrir la MLS, donde no hay escándalos fuera de la cancha, deudas ni los técnicos te ocultan el once  y los lesionados”. Creo que muchos de los que estamos al lado de este fútbol, en una extrañísima relación de amor, tenemos algo de caótico en nuestra alma. Y como sabemos de eso, queremos curar al balompié. Si, ese que tanto amamos.

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