lunes, abril 12, 2021
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El día que volví al Olímpico y conocí al nuevo “Jugador N° 12”

OIimpico
Crédito: Caracas FC
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Es una bendición que tras tres semanas de inactividad, el Metrobus volviera a cubrir la ruta a Santa Mónica. He sido un privilegiado: vivo a cinco minutos en bus del estadio con más historia del país, el Olímpico de la UCV.

Bueno, pueden ser cinco minutos o una hora. Solo hay una unidad para hacer el recorrido y si no la pillas, pierdes.

Por eso, cuando escuché el motor de vehículos grande subir la cuesta, apuré el paso. Llevaba mochila: sueter, agua, media canilla con jamón y queso. Gel, un tapabocas médico y otro, de repuesto, de Tiburones de La Guaira, de neopreno. La semana pasada había pasado una pena en un encuentro con la prensa cuando mi tapaboca perdió su liga.

No recuerdo haberme apertrechado tanto para un partido. Es que a la prensa se nos exigía llegar tres horas antes del partido por protocolo Conmebol, aparte de una planilla impresa. Y si solo estaba reducido a prensa, unos pocos invitados y directivos, obviamente, las ventas de comida no iban a estar presente. Y el juego, me iba a topar con la sagrada hora de la cena.

Corriendo y tomando el Metrobus, encuentro la unidad vacía. Claro, mientras yo voy (4:30 p. m.), el resto va regresando a sus casas en una Caracas restringida, con alcabalas, en encerrona. Me toca ir a pie por la parte interna de la UCV hasta el Olímpico.

La última vez que estuve en mi universidad, la encontré llena de escombros, maleza. Fui a espiar a Chile para el juego de eliminatorias de noviembre. Esta vez, al menos por “donde pasa la novia”, estaba podado, presentable.

Es extraño encontrar los alrededores de Los Chaguaramos sin público, sin gente con banderas y franelas rojas. Es muy extraño el estadio sin alma.

Llegando y saludando a amigos que no veía físicamente. Hubo que esperar un rato, se dio ingreso y se entregó la planilla. Era fácil de contestar: enumeraban una serie de enfermedades y si se había estado cerca de alguien con Covid. Como en Windows, “no a todo”. También había que indicar que actividad física se realizaba y con que frecuencia. Me dio gracia que un empleado de la empresa que levanta la señal le contestó a la anfitriona que llenaba la encuesta: “tengo sexo una noche sí y otra no”.

Me dieron una mascarilla N95, de esas que apenas permiten respirar. Aliviado con el tema mascarilla, a tomar la temperatura y gel antibacterial.

Volvimos a la tribuna de siempre. Ver el Ávila desde el estadio Olímpico, apreciarlo en su majestad desde un atardecer es un espectáculo impagable.

También es de orgullo apreciar un césped hermoso, bien cuidado. En buena parte del Silgo XXI ese rectángulo fue víctima de las más crueles burlas. Hoy, según Conmebol, es el mejor del país.

 

Rómulo, el nuevo “Jugador N° 12”

Nunca puede faltar la “changa” o música tecno para animar el evento. Sí, soné a anciano con lo de changa. Dos cornetas son suficientes para darle ambiente a un Olímpico vacío. Y me acordé que tenía un pendiente especial en este juego.

Hay un nuevo “Jugador N° 12”. Es el encargado de mantener el ambiente con gritos de gol pregrabados, con ambiente de tribuna de fondo. Lo hemos escuchado aquí, en las transmisiones de Europa, en todos lados.

Es Rómulo. Rómulo Montero. No es alguien nuevo. Es quien sonoriza la mayoría de los partidos de la capital, no solo del Caracas.

Olímpico
Rómulo Montero, el musicalizador de los partidos en el Olímpico.

“Es algo nuevo para mí, pero es lo que nos toca vivir”, comenta. “Pero hay que estar preparado para todo y el fútbol debe seguir”.

Rómulo tiene dos mezcladores Denon: cuando arranca el juego, uno tiene en loop hasta el final el audio de público gritando, el audio ambiente propio de un estadio de fútbol. En el otro mezclador, tiene los cantos de la Barra del Caracas, el grito eufórico de gol y gritos de aliento.

“Le pedí a la Barra del Caracas que me grabara sus canciones, edité unas partes que pudieran ser ofensivas, pues no queremos líos con Conmebol. Entonces, de acuerdo al momento del partido, voy soltando una u otra”, comenta.

Ya tiene el “timing” agarrado: “Yo tengo que ver el juego, y cuando cae el gol suelto el audio de “gooool”, que lo tengo acá. Igual para otras situaciones”. Años de experiencia en el estadio ya le tiene adiestrado.

De hecho, fue el que “animó” a la selección contra Chile. “La Barra de Caracas me hizo el favor de grabar unas canciones de aliento para la Vinotinto, así que las usamos ese día y mucha gente me escribió preguntando y había entrado público al estadio”.

Viene trabajando en ese modo desde que se cerraron los estadios el año pasado. Comentó que contra César Vallejo le mandaron a bajar el volumen, “pero en este si nos vamos a escuchar normal”.

No está casado con ningún equipo: “La semana que viene juega Lara contra Santos y ya he pedido que me manden sus canciones, las de su barra. Tienen que mandarlas a tiempo porque hay que editar las groserías (risas). También Aragua, Metropolitanos.”

 

Sin el rugido de la gente

Entra a calentar Caracas y se extraña el rugido del público. Ya me había despedido de Rómulo, quien en ese momento soltó “Can´t Hold Us” de Macklemore, el himno que usan los rojos para motivarse.

Los buenos del Circuito de Caracas me dan un trozo de pizza. Aún mantengo en resguardo mi arma secreta, la media canilla.

Insisto que un estadio vacío pierde mucho de su esencia, en especial en Libertadores. Recuerdo que en la época de 2007 al 2011, los llenazos eran plenos. Con mi amigo Esteban Rojas, recordaba un juego contra Cruzeiro (2008) que me dejó atrapado en Colinas de Bello Monte porque el tránsito no avanzaba y faltaban dos horas para el juego. Cuando quedaba una hora, tuve que llegar en moto. Parte de la ciudad colapsaba y eso indicaba que la gente sabía que había un juego de Libertadores.

Pero son historias que han quedado atrás en el tiempo. Y hoy, ese estadio vacío le falta ese impulso maravilloso de la gente

Caracas cayó 1-2 ante el Junior en el Olímpico. Crédito: Caracas FC

Ah, el juego. De Caracas me gustó mucho Edson Castillo. Es un cinco destructor que se mueve bien, corta y tiene ímpetu. De hecho, en el peor momento del Rojo, tuvo un arranque en el que robó una bola, se proyectó y sirvió el balón a Richard Celis, para que Akinyoola rematara para el 1-0.

A “Cariaco” González le veo bien. Enganche, titular. Se le ve más acuerpado. Tiene criterio y  me parece que le va a aportar bastante a este Junior.

Y bueno, la figura, Miguel Borja, es sencillamente impresionante. El desmarque, los movimientos. Por algo fue uno de los compañeros más importantes del “Lobo” Guerra en aquella Libertadores ganada en 2016.

Junior me pareció que es un equipo que concede mucho en la defensa, y quizás de ahí parte la crisis con la que llegó a Caracas. Pero en ataque, con Hinestroza, Pajoy, Borja y “Cariaco” (más, tomando en cuenta que Teófilo Gutiérrez fue baja), tiene para hacer cosas interesantes.

A Caracas le pesó la inexperiencia. Junior pudo sufrir más de contragolpe, pero un toque más hacia atrás, un pase mal dado mataron varias intentonas. Igual, a Noel Sanvicente hay que reconocerle que sabe sacarle el máximo provecho al grupo que tenga en sus manos.

Olímpico
Crédito: Caracas FC

La ida quedó 1-2 y se ve difícil la cuesta. Es raro que termine el juego y no ir a la sala de prensa o abordar a los jugadores. Hay que cumplir protocolos. De vuelta a casa, pero algo contento por volver a sentir el fútbol en el Olímpico, su cancha. Justo un año después. Y más, con una puesta en escena como dejó aquel Caracas-Boca.

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