jueves, mayo 6, 2021
Columnas

Lázaro y Manolo, eternos

Lázaro Candal y Manolo Dávila.
Lázaro Candal y Manolo Dávila.
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La década de los ochenta en el siglo pasado, fue muy significativa para el fútbol venezolano. La devaluación del Bolívar, como consecuencia acumulada de las nefastas políticas fiscales de tiempos pasados, contrajo la economía y con ello, se acabó la bonanza económica que permitía los fichajes de renombre de futbolistas consagrados en el continente.

La televisión a color y los partidos internacionales transmitidos en directo fueron un atractivo tremendo para el venezolano, que se inclinó hacia el fútbol extranjero por encima del local, de ahí la histórica preferencia que tanto se discute hoy día y es tema de debate en nuestro país. No obstante, no quisiera enfrascarme en ese punto que parece no tener una lógica explicativa consensuada.

Quiero recordar el poder de los comunicadores en aquellos tiempos y que permanecieron tan vigentes durante toda la década de los noventa e incluso, hasta hoy. Marcaron sus estilos, una forma particular de ver el fútbol y de expresarlo a las masas. Fueron y siguen siendo, la cara del fútbol en Venezuela.

Lázaro Candal
Lázaro Candal

Lázaro Candal es un gallego que llegó a nuestro país como tantos otros, pero éste venía a jugar fútbol. Luego, dio el salto al micrófono en la narración y comentarios y desde entonces se convirtió en el narrador más carismático y popular del país. Su estilo dicharachero, jovial, popular, selló un estilo abrumador que contagió a la gente. Cada frase que soltaba de su peculiar ingenio, calaba hondo en los aficionados, que hacían de sus palabras, expresiones cotidianas del día a día, que incluso hoy día permanecen vivas.

“¿Qué hiciste, papaíto?” fue su marca de fábrica, tanto que su mote acuñado entre nombre y apellido se convirtió en “Papaíto”. En el barrio, en la escuela, en el liceo de alcurnia, ante un fallo inexplicable todos repetían su frase. Y no fue cuestión de solo días su permanencia en el lenguaje de los venezolanos: hoy se sigue usando.

Su estilo puede ser discutido. Evoco una anécdota que contó cuando antes del mundial de Italia en 1990 transmitió un partido amistoso de la Unión Soviética: “No teníamos alineaciones, nada de eso. No es como ahora que hay internet y tienes todo a la mano. No teníamos nada de información. Yo conocía como a dos o tres rusos, pero al resto lo comencé a llamar como la vodka Smirnoff: la tiene Smornikov, la lleva Smirnoffiv, y así”. ¿Y quién le iba a discutir una ligereza como esa si inevitablemente te hacía reír?

Sus goles, sus gritos, sus frases marcaron el rumbo de la comunicación del fútbol en Venezuela. Se alejó de la sobriedad de los Mario Dubois, Felo Jiménez, Carlos González, Delio Amado León y encontró en lo jocoso el recurso para atraer la atención de todos. Nadie discutía si se equivocaba en identificar a un futbolista o en la pronunciación de su apellido: todos querían escuchar “esa pelota se fue camino de Guanajuato”, “Ay que se va, y se iba”, “dime algo, Nanú”, “sin querer se mata a un hombre”, con su acento tan típico de la costa noroccidental de la península ibérica. Creó escuela.

 

Desde San Cristóbal, Manolo Dávila

Mientras Lázaro lanzabas sus andanadas y todos reíamos, en Venevisión se elevaba un nombre con un estilo totalmente opuesto. Venía desde San Cristóbal la tierra donde el fútbol se vive intensamente. Desde la radio regional saltó a las transmisiones del canal de la Colina para con su voz profundamente grave, propia de un tenor, alcanzar el respeto y admiración de todo un país y marcar así el estilo que siguieron muchos narradores. Es Manolo Dávila.

Voz líder de las narraciones en Venevisión, la precisión que tenía para identificar futbolistas en tiempos en los que el internet no existía como recurso para los relatores, era envidiable. Sin embargo, más allá de lo que significaba su trabajo al frente de los micrófonos y la pantalla televisiva, está su presencia en el estado Táchira.

Manolo Dávila
Manolo Dávila

Narró el primer partido del Deportivo Táchira en 1974 y desde entonces se ha convertido en la voz más representativa del aurinegro. En todo el estado fronterizo se hizo prácticamente un rito almorzar escuchando Deportivas Táchira, el programa que conduce Manolo Dávila. Lo viví cuando chamo: en casa de la abuela no sabían mucho de fútbol, pero igual era escuchado Manolo al mediodía religiosamente.

Su voz condujo al aficionado en el estadio siempre. Sus indicaciones fueron obedecidas por todos. Sus análisis escuchados, sus narraciones reproducidas en altoparlantes. Táchira es Manolo y Manolo es Táchira. Me atrevo a decir con total responsabilidad y criterio, que el aficionado en San Cristóbal era hincha de Manolo Dávila más que del equipo. Lo primero era consecuencia de lo segundo. Su palabra, aún hoy, sigue siendo sagrada en todo lo que vincule al aurinegro e incluso más allá.

Manolo y Lázaro. Lázaro y Manolo. Dos estilos diferentes, un solo fútbol a sus pies, el nuestro, el venezolano.

Sirvan estas pequeñas líneas como un modesto homenaje a dos figuras gigantes de la narración en nuestro país.

1 Comment

  1. Este artículo es el resumen en pocas palabras de los más grandes en la narración, para los que disfrutamos a Candal por las transmisiones en TV y los que aún disfrutamos de nuestro orgullo tachirense de Manolo Dávila, a ellos se les debe mucho en el balompié Nacional.

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