jueves, noviembre 26, 2020
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Historias de terror en el fútbol venezolano

Historias de terror en el fútbol venezolano.
Historias de terror en el fútbol venezolano.
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En nuestro país, se celebra a medias el “Día de Brujas” o Halloween. Aunque no salen niños a pedir dulces, más de uno adorna su casa con alguna auyama (no le diremos calabaza), un esqueleto de goma y los más osados, tienen sus fiestas con disfraces de miedo.

No es una apropiación cultural de una celebración gringa, más bien se ha convertido en un evento global, donde toda la programación televisiva, gira en torno al terror, por ejemplo.

Sea como sea, en Idioma FutVe, aprovechamos la ocasión para hacer una recopilación de historias de terror, que pasan de boca en boca y que son de espanto, ocurridos en nuestro balompié a lo largo de su historia.

  

El Metropolitano convertido en morgue

En la tarde del 21 de febrero de 2008 ocurrió uno de los accidentes aéreos más tristes de Venezuela. El vuelo 518 de Santa Bárbara Airlines se estrelló en las montañas que rodean la ciudad de Mérida instantes después de haber despegado del  Aeropuerto Alberto Carnevalli, que después de ese incidente, dejó de prestar servicio comercial.

Fallecieron 46 personas. Por la urgencia, se necesitaba un espacio amplio y techado para colocar los restos de las víctimas, para su identificación y posterior entrega a familiares. En ese momento, el Metropolitano de Mérida con casi un año de erigido, destinó uno de los pabellones de la tribuna oeste para ser una morgue provisional.

Por años, siempre hubo alguien que mantuviera una vela encendida en ese espacio y cuentan lugareños que no se atreven a pasar por ese lugar signado por la desgracia. Temen que las almas en pena aún transiten por ese espacio. La mayoría de los cuerpos encontrados no estaban completos.

 

Terror en las alturas

En 1991, Marítimo regresaba de jugar un partido con Estudiantes de Mérida, de esos sabrosos que eran al mediodía. Terminó 0-0 y ahí mismo emprendieron el regreso. Sin embargo, el pánico se apoderó de todos. El piloto de la aeronave recibió una llamada de una de las torres de control indicando que en el avión había una bomba. Recordamos eran días de sobres-bomba en el país, que luego se magnificarían con los carros bomba, el más famoso el del CCCT de 1993.

Marítimo
Marítimo

El piloto se desvió a Barinas. Obviamente, los jugadores asustados, lloraron de desconsuelo pensando en sus familiares, sus hijos, su gente. Aterrizaron sin problemas en la ciudad llanera y ahí los esperaba la extinta DISIP, policía de inteligencia. Luego de un par de horas de revisión, no se encontró nada.

Sin embargo, jugadores como Franco Rizzi, Héctor Rivas y otros tantos se regresaron por tierra. Fueron al terminal de pasajeros y se vinieron en autobús. También se marchó por tierra el DT cubano Miguel Sabina. El antillano contó que él iba a volar, quince años atrás en el vuelo 455 de Cubana de Aviación, víctima de un acto terrorista perpetuado por Posada Carriles en el que fallecieron 73 personas. Algún afortunado inconveniente ocurrió que no se montó en ese avión. “Ya me salvé de una bomba, no quiero que me agarre otra”, decía por el camino a Caracas.

 

Casa-club embrujada

Frente la recordada sede de Marítimo en Los Chorros, Caracas (hoy en día un restaurant), estaba la casa-club donde vivían los jugadores que venían del interior del país o que querían concentrar. En sus primeros meses de inaugurada, aseguraban que habían puertas que se cerraban, se oían voces y llantos. Tanto fue, que un grupo de futbolistas, entre ellos Noel “Chita” Sanvicente fueron a hablar con los dueños del equipo para que llevara un cura y bendijera la casa. Santo Remedio.

 

Cavar su propia tumba

Este hecho ocurrió en la Copa Libertadores de 1978. El colombiano Orlando Sánchez pitó el duelo entre Portuguesa y Cerro Porteño en el José Antonio Páez de Acarigua. El partido era crucial para las aspiraciones de los llaneros, pero, el público consideró que hubo mala actuación del principal. El duelo terminó 1-1. Los ánimos se caldearon en el estadio y los asistentes de la FVF le recomendaron a Sánchez partir de inmediato a Caracas y ahí, regresaría a Colombia.

Lo cierto es que fue interceptado en las afueras de la ciudad por unos aficionados con armas de fuego, lo golpearon y lo llevaron a un paraje solitario donde, según recuerda Lázaro Candal en uno de sus libros, fue obligado a cavar su propia tumba porque lo iban a matar. Afortunadamente, sus ruegos, el argumento de una posible descalificación y algún milagroso transeúnte evitaron que el cuento de terror fuera más grave. Sánchez amenazó con retirarse de la carrera si Conmebol no actuaba con contundencia. En la Libertadores del 79, Portuguesa jugó en el Misael Delgado de Valencia.

 

El albañil de Pueblo Nuevo

Cuentan los seguidores más antiguos del Deportivo Táchira, que cuando se estaba levantando Pueblo Nuevo, a principios de los 70, un albañil cayó de un andamio ubicado en lo que en el plano de la obra sería la tribuna popular y falleció por el impacto.

fútbol venezolano

En sus primeros años de vida, quienes asistían al coso de San Cristóbal, contaban que terminados los partidos nocturnos, quienes se quedaban a seguir bebiendo cerveza en ese sector escuchaban ruidos y lamentos. Pocos se atrevían a orinar en los matorrales de atrás de la grada. Algún jodedor aprovechaba la leyenda para asustar a sus amigos imitando voces del más allá y borrando del tiro la “pea” por el consumo de alcohol.

Con la llegada de la versión moderna de Pueblo Nuevo para la Copa América de 2007 no se oyó más nunca de alguna voz de ultra tumba en el graderío popular.

 

El extraño incidente de las velas

Para la Libertadores de 1983, en el Deportivo Táchira militaron un grupo de peruanos talentosos, encabezados por el internacional Augusto Palacios. Este grupo, tenía como costumbre y rito, encender una vela antes del partido, en un rincón destinado para ello y encomendarse a una entidad superior el buen rumbo en el juego a disputar.

Antes de un partido, como por arte de magia, la vela se cayó y como guiada por seres malévolos, lo primero que tocó fue el bolso de Palacios, de material inflamable, seguido de las camisetas de una tela bien vulnerable al fuego y parte del camerino se prendió en llamas. Fue afortunada la intervención del recordado utilero “Piyuyo”, quién evitó una desgracia de mayores proporciones.

 

 

Recopilación hecha gracias al aporte de Elio Quintal, William Mendoza, Carlos Parra, Carlos Perdomo y Jesús “Matador” Rodríguez.

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