El guion de la Vinotinto sub 20 no fue la Sustancia, sino el de Anora

El pasado 14 de diciembre se publicó en este blog la siguiente nota: “La sub-20 puede tener la ‘Sustancia’ para la absoluta”, en referencia a la película que le dio su primer Globo de Oro a Demi Moore. Pero la realidad nos deparó otro título: Anora. El largometraje de Sean Baker y que tuvo una gran actuación de Mikey Madison. La historia es sencilla, una bailarina erótica que vive un cuento de hadas al casarse, en Las Vegas, con un joven díscolo, hijo de oligarcas rusos. En el ecuador de la película todo se tuerce. La comedia y el confeti termina en drama. Al final lágrimas. Todo parecido con la realidad de las selecciones nacional no es coincidencia, porque la Vinotinto sub 20 se “contagió” de los problemas futbolísticos de la absoluta.
Como escuchaba a un analista de cine en TikTok, Baker se ha especializado en contarnos historias en la gran pantalla que se cuentos de hadas. En Anora es una suerte de Cenicienta. El detalle es que baña sus guiones de realidad. El drama y la reflexión solapan a la comedia y el entretenimiento. Las expectativas en la sub 20 de Ricardo Valiño estaban en la cima del pico Bolívar. Un proceso que inició en 2023, que contó con módulos y amistosos. Se mapeó bien el balompié local y se extendieron las redes scouting por el mundo para repatriar hijos de la migración. En la Vinotinto TV, Valiño confesó que la Federación le asignó una profesora de español a Yiandro Raap. Se cuidaron todos los detalles. A última hora el torneo pasó a ser casa y con el torneo rodado, le tocó el grupo más accesible, en comparación al que se desenvuelve en Valencia. Otra vez, en el Día D, se falló.

Sobran los momentos en los que la Vinotinto tiene al frente el partido clave. El del golpe en la mesa. Cortarle la cabeza Medusa. No importa el rival o el contexto, casi siempre termina petrificado ante la responsabilidad. Kervin Andrade fue un esteroide aislado que navegó en la galaxia Vinotinto. Brilló contra Perú cuando consiguió un socio en Leenhan Romero. Sin embargo, la deuda con balón de Venezuela marca su techo. El paso de una Vinotinto reactiva a una propositiva cada vez es más sinuoso. ¿El problema? Es que tampoco logramos competir desde una propuesta reactiva. Ni llegamos a la Vinotinto de la “irreverencia” ni a la solvencia del “cuchillo entre los dientes”. Estacionados en un limbo doloroso, que es una trituradora de oportunidades para generaciones talentosas. No un tema estético ni de jugar bonito. Es de ejecutar un plan de juego coherente con las piezas que se convocan.
La opinión pública, en su mayoría expresada en redes sociales, pide culpables. La palabra fracaso es la que encaja en este rompecabezas. No es una falta de respeto porque no se le quiere decir fracasado a CT o jugadores, sería una falta de respeto y a la verdad. Valiño logró clasificar a un Mundial sub 17 y llegar al techo histórico en un Preolímpico. La mayoría de estos jugadores hará carrera en el extranjero y muy probablemente tengan recuerdos positivos cuando cuelguen las botas. Por ejemplo, de la última selección que no pasó al hexagonal fue la de 2015, ahí estuvo: Jefferson Savarino, Rubén Ramírez, Carlos Sosa, Carlos Cermeño y Jhon Murillo, por nombrar algunos. Los dos primeros hoy habituales en las convocatorias de la absoluta. Aclarado este tema de compresión lectora, la actuación de la Vinotinto sub 20 en Barquisimeto fue un fracaso. Quedar eliminado una jornada antes, con todo a favor, no puede tener otra evaluación. Como Valiño fue el héroe de la sub 17, hace par de años, hoy es el señalado.
El problema es que luego de la jornada 3-4 del camino a la Copa del Mundo 2026, donde se logró un empate en Brasil y un triunfo por goleada a Chile, no ha habido argumentos para renovar la fe. El rendimiento se estancó. Los análisis se emborracharon de resultados en la Copa América 2024, pero siempre estuvieron carentes de nutrientes, que era el diagnóstico del funcionamiento y el juego de la selección. Antes de Canadá era un tema de conversación entre fanáticos la posibilidad del título. Jacob Shaffelburg y compañía nos dieron un baño de realidad. El cuento de hadas se empezó a torcer. Cuando se había disipado la niebla de guerra en la FVF, se trazó rápido una nueva hoja de ruta tras la salida de Pekerman-Lezcano y la marca Vinotinto se revalorizó, todo vuelve a volar por los aires.

El clamor popular es presionar el botón rojo. La discusión va más allá de la norma del juvenil o del torneo de Reserva, que tienen que ser temas que se debatan sin pasiones y sin el ventajismo de los resultados, a favor o en contra. En las oficinas de Sabana Grande tiene que bajarse un tutorial de meditación. El reinado de King George ha vivió momentos aciagos. Pero este primer semestre de 2025 puede obligar a Jorge Giménez a tomar decisiones trascendentales. Con mayor información que todos, al vivir la interna del grupo y con recursos de big data, tendrá que armar su Cónclave y rodearse de una mesa de cardenales, que no solo sepan de fe, sino de teoría.
Spoiler Alert: Al igual que “Ani” en Anora, el fanático Vinotinto pasó de la alegría de un futuro promisorio a las lágrimas de estancarse en el punto de partida. La sub 20 podía ser una bombona de oxígeno, pero la foto de Fort Lauderdale y el fracaso en Barquisimeto son un golpe en la boca del estómago. Da la sensación que este proceso liderado por Fernando Batista se jugará más que tres puntos ante Perú, en Monumental, por el mes de marzo. En las menores se sembró la semilla de Corazón Vinotinto, excelente medida para tener frutos en el futuro. Pero para seguir regando ese árbol, se necesitan logros en el presente, para que se mantenga o aumente el flujo de ingresos.

Es menester hacerse las preguntas adecuadas y muchas interrogantes puertas adentro. Venezuela, como país, por sus múltiples crisis, no da margen de error. Los problemas de nuestro balompié son añejos. No se arregla con el pasaporte/cédula del DT y el trabajo no es la única medicina que necesita este paciente. Lo dijo José Hernández hace mucho: somos expertos en diagnosticar. Pasan los años, los jugadores, los directivos, los entrenadores… pasan todos. Pero lo periodistas de turno seguimos escribiendo el mismo cuadro. Si nunca acertamos en las medidas que se tienen que aplicar, no importará cuantos cupos de la FIFA, clasificar a un Mundial será la búsqueda de El Dorado o la Atlántida. Un mito que buscaremos hasta el final de nuestros días, más por ilusión que por certeza.
Si se pregunta, ¿cuáles medidas serán esas? ¿de dónde se sacan? No sé. Se tienen que descubrir en el camino y tienen que ser aplicables a nuestra realidad, no sirve copiar y pegar. Sin embargo, la exactitud de las mismas las tiene que determinar Giménez y la FVF. De su lucidez y astucia dependen que la Vinotinto, uno de esos pocos espacios de recuentro en un país fragmentado y de donde el orgullo de ser venezolano se puede agarrar, termine con un final feliz como Papita, Maní y Tostón. No en uno crudo como Simón. La selección tiene que ser la válvula de escape de la cotidianidad, no una angustiosa extensión.




