
Libertadores tras Libertadores, ¿cuántas humillaciones más necesitamos para aceptar la verdad?
Es el Deportivo Táchira el que debe replantearse qué está haciendo mal tras dos ediciones consecutivas de Copa Libertadores nefastas… o quizás somos nosotros, como entorno futbolístico, quienes debemos dejar de inflar el suflé de expectativas desmedidas y mirarnos con brutal honestidad: no somos lo que creemos ser.
Más allá de la ilusión y la esperanza con la que nos aferramos a cada partido internacional, debemos dejar de engañarnos con espejismos. El primer paso para crecer es asumir que, futbolísticamente, no estamos a la altura. No basta con cubrir al equipo desde el lugar del hincha tribunero ni con discursos populistas que terminan excusando lo inexcusable. El análisis debe estar por encima del sentimentalismo.
Este no es un problema de táctica ni de un jugador puntual. No se trata de si un DT acierta o falla en un planteamiento. Se trata de nivel. Competir en la Liga FUTVE no garantiza estar en condiciones reales para medirse con la élite continental. Ser protagonista local no tiene equivalencia alguna con ser competitivo internacional.
Y basta con oír el único argumento vacío que se repite sin sentido: “el equipo debe competir por historia”. Aferrarse a la historia sin presente competitivo no es una convicción, es una ilusión sin sustento. El contexto actual desnuda una realidad incómoda: no existen bases sólidas para competir con garantías. Mientras el resto de Sudamérica usa los recursos económicos que otorga CONMEBOL para reforzarse, estructurarse y aspirar a avanzar, los clubes venezolanos los usan para subsistir.
¿Está creciendo el fútbol venezolano? Sí. Pero a un ritmo demasiado lento. Y mientras nosotros avanzamos con esfuerzo, el resto, incluso con sus propios problemas, sigue evolucionando, modernizando estructuras, profesionalizando modelos. El abismo no se acorta: se ensancha.
Algunos dirán: “Pero otros equipos han sacado resultados”. Sí, ha pasado, pero son excepciones que confirman una regla dolorosa: habitualmente, el fútbol venezolano sufre, y sufre mucho, cuando se expone a una competencia seria fuera de sus fronteras.
El golpe debe doler. No para destruir, sino para exigir. Porque solo desde una autocrítica seria, directa y sin adornos, el fútbol venezolano y sus referentes como el Deportivo Táchira podrán empezar a mostrar una cara distinta. Basta de retórica vacía. Basta de cotorrería vulgar. Basta de tapar la realidad con épica hueca. No falta pasión, falta nivel.




