
Miguel Navarro fue captado por las cámaras llorando en un pasaje del duelo de Talleres ante Sao Paulo en Brasil por la Copa Libertadores. No se sabía qué pasaba hasta el final. Denunció un acto de xenofobia por ser venezolano.
Aunque en un primer momento no quiso contar mucho, el zuliano luego reveló que el paraguayo Damián Bobadilla le dijo “venezolano muerto de hambre”, cuando el lateral le pedía al árbitro que apurara el juego.
Allí cobró total sentido las lágrimas del seleccionado vinotinto. Fue insultado por su nacionalidad, de parte de un rival. No hay nada más sagrado para una persona que el país de dónde proviene, sus orígenes y más aún si por su talento salió y lo representa en el exterior.
Ese es el caso de Navarro, pero también es el de más de 9 millones de venezolanos que tuvieron que emigrar en busca de un futuro mejor, debido a la severa crisis económica que hay en el país.
Bobadilla no le habría dicho “muerto de hambre” solo a Navarro, se lo dijo a los 30 millones de venezolanos, tanto los que están en el país como los que ahora viven en otras naciones. A su compañero Nahuel Ferraresi también.
Y es que meterse con un venezolano, quererlo humillar por la crisis económica es meterse con todos y pretender herir por una situación que no se le desea ni al peor enemigo.
“Nunca me avergonzaré de mis raíces”, publicó el venezolano en sus redes sociales.
La resiliencia de Navarro y de los venezolanos
Hubo denuncia en la policía, Navarro lo contó en la zona mixta. Dijo que lucharía hasta las últimas consecuencias, porque en Brasil se condena el racismo y la xenofobia porque ellos mismos lo han vivido y lo combaten.
Espera que haya sanción ejemplar. Compañeros de Talleres lo respaldaron y condenaron las palabras de Bobadilla. Consideran insólita la situación.

Navarro es el vivo ejemplo de ese venezolano que luchó desde abajo para sobresalir y ayudar a los suyos.
Salió del estado Zulia y ha jugado en Estados Unidos y ahora Argentina, le ha tocado buenas y malas experiencias. Así como a otros venezolanos que emigraron, pero también a los que se han quedado en el país luchando contra todas las adversidades.
Como lo dijo en una historia en Instagram el propio Navarro. “Quisiera poder yo tener en mis manos la solución al hambre que vive mi país, espero Dios me dé abundancia para poder ayudar. No creo que se pueda hacer mucho contra la pobreza mental”.




