Nota escrita por Luis Vílchez previa a las elecciones presidenciales del 28 de julio en Venezuela.
“El hombre es un animal político” fue una frase de Aristóteles. Fabián Coehlo lo explica en Cultura Genial de la siguiente manera: “Significa que el hombre se diferencia de los animales, entre otras cosas, porque vive en sociedades organizadas políticamente, en cuyos asuntos públicos participa en mayor o menor medida, con el objetivo de lograr el bien común: la felicidad de los ciudadanos”. El deporte es una expresión cultural del ser humano y no escapa del ámbito de la política. Para mí es inevitable que ambos compartan terreno de juego.
Luego el problema radica cuando se partidiza, como dice el colega Esteban Rojas. Pero el deporte es parte de la política. Insisto es como Thanos, inevitable. En el marco del 28 de julio, otra elección presidencial en Venezuela, donde la contienda parece clara: El proyecto revolucionario-chavista en la figura de Nicolás Maduro contra la oposición y el deseo de cambio con Edmundo González, el candidato tapa de María Corina Machado. Luego de la eliminación de la Vinotinto en la Copa América, este tópico es el que golea las conversaciones.
Jorge Giménez a Maduro: "Yo siempre les digo a todas las selecciones que usted es el padrino silencioso de la Vinotinto, que siempre está pendiente de todos nosotros (…). Usted será el primer presidente en llevar a Venezuela a un Mundial".
🙈 🙉 🙊 pic.twitter.com/dQfs6uYUYZ
— Esteban Rojas (@EsRojas) December 19, 2023
Mezclar deporte y política en Venezuela es pisar un campo minado. Genera un debate de ideas en tiempos de intolerancia. No tengo intenciones de dar reflexiones o jugar al politólogo. Esto es más antipático que fallar un penal que da un título. Voy a dejar una serie de ejemplos y reflexiones de diversos medios sobre política y fútbol.
La primera es una nota de Simón Hughes en The Athletic titulada: “Fútbol político: cómo el fútbol ha influido en las elecciones generales del Reino Unido”. Esto en referencia a las recientes elecciones que ganó el partido Laborista, con Keir Starmer. “El fútbol ha demostrado ser a menudo un vehículo de relaciones públicas conveniente para los políticos en busca de una sesión fotográfica (…) Margaret Thatcher posó con Emlyn Hughes y Kevin Keegan, entonces dos de los futbolistas más populares de Inglaterra, antes de la Eurocopa de 1980, mientras que Tony Blair participó en un partido de tenis mental con Keegan, entonces entrenador del Newcastle United , en 1995, dos años antes de su primera victoria electoral aplastante como líder laborista”, escribió Hughes.
Otra cita en el medio inglés fue: “Doce meses después de que el gobierno de Blair decidiera no ordenar una investigación sobre Hillsborough, la ciudad eligió un consejo liberal demócrata que duró 12 años, hasta que los laboristas fueron derrotados por los conservadores en las elecciones generales de 2010. Es otro ejemplo de cómo el fútbol y la política se ponen en la cuerda floja. Si se hace bien, el deporte se convierte en un canal inestimable para llegar a un público amplio, pero si se hace mal, los errores pueden no ser perdonados jamás”.
Luego hay una nota en el diario El País, de España, medio con una clara inclinación a políticas de izquierda y progresistas. El artículo es de Idafe Martín Pérez y el título no deja dudas: “Politizar el fútbol”. Ella en su lead habla de los hijos de la migración en la figura de Nico Williams y Lamine Yamal.
En el segundo redacta: “Es una imagen tan potente que ponerse en contra te deja apestando a Vito Quiles, así que muchos periodistas decidieron que el argumento ideal era criticar que el párrafo anterior “politiza” el fútbol, como si el deporte más seguido del mundo y uno de los más jugados, no tuviera un componente político, como si los jugadores croatas no cantaran en 2018, durante el Mundial de Rusia, canciones filofascistas o los franceses que ganaron el Mundial de 1998 no hubieran recibido insultos racistas por parte del padre de Marine Le Pen. El fútbol de alto nivel fue siempre un acontecimiento político. El Real Madrid fue durante años una de las mejores imágenes que el régimen franquista tenía en el exterior, como la Italia campeona del Mundo en los años treinta del siglo pasado fue utilizada por Benito Mussolini o como la Junta Militar argentina se dio un baño de masas con su Mundial de 1978 mientras los gritos de los aficionados silenciaban las torturas a los disidentes en la infame Escuela de Mecánica de la Armada”.
Luego reflexiona de cómo es bueno o malo politizar el deporte dependiendo del prisma donde sea vea (si me favorece o no). “Los mismos periodistas que criticaban que se “politizara” el origen inmigrante de Williams y Yamal se hartaron de difundir en redes sociales las celebraciones por la victoria en localidades catalanas y vascas, pero no en las manchegas o andaluzas. Porque en esas celebraciones sí vieron algo que politizar para echar el ascua a su sardina. Esas celebraciones tienen un significado político, al mostrar que este equipo llegó al corazón de gentes a los que equipos anteriores no pudieron llegar. Eso es noticia. Como es noticia que las dos caras españolas más reconocibles para el resto de Europa en este mes fueran las de dos hijos de la inmigración”.
En Eurocopa donde Francia mostró su cara más gris, un tal Kylian Mbappé hizo más ruido por sus declaraciones políticas. Irene Lozano escribió en El País una nota titulada: “Mbappé acusa como Zola”, esto en referencia a Émile Zola y su publicación “¡Yo acuso…!” donde denunciaba el antisemitismo que culminó en una condena sobre Alfred Dreyfus.
Lozano escribió: “Yo aplaudo a Kylian Mbappé por ocupar ese lugar. Ya iba siendo hora de revitalizar la función de los intelectuales, que fueron muriendo sin reemplazo en el siglo XX. Las sociedades europeas del siglo XXI no han encontrado la forma de hacerles sitio, probablemente porque son gente de matices. Los intelectuales carecían de otro interés distinto del conocimiento y la defensa de sus ideas, a veces equivocadas; podían no tener la pericia técnica del experto ni la sapiencia de la academia; toda su autoridad se asentaba en la defensa de los valores; casi nunca eran pragmáticos. Demasiado complejo para un perfil de TikTok”.
Ella agregó: “Sólo oír a un futbolista hablar de cosas distintas al fútbol ya es extraordinario. Mbappé tiene ideas, la materia prima con la que trabajaban los viejos intelectuales, desde Albert Camus a Bertrand Russell. Pero además tiene fama, imprescindible para hacerse escuchar en la economía de la atención. Claro que futbolistas con visibilidad hay muchos, aunque lo más frecuente es que la despilfarren en una marca de coches, un local de moda o un fijador de pelo. Casi siempre cobran por ello, hasta el punto de que les resulta engorroso hacerse una foto con algo o alguien si no suena el cling-cling de la caja registradora”.
También reseñó una gran verdad: “No tiene nada que ganar Mbappé con sus palabras, si acaso enemigos. Y tal vez esa sea la razón de que muchos no se atrevan, pues sólo asumen el riesgo inherente a la lesión del ligamento cruzado. Ha medido con precisión el mensaje que quería transmitir y a quién se lo dirigía. No ha abogado expresamente por el voto a un partido y, sin embargo, su mensaje ha sido netamente político: “Estoy en contra de los extremos, los que dividen. Hay jóvenes que se abstienen, quiero hacerles llegar este mensaje. Su voz sí cambia las cosas”. A esa generación cuyos índices de abstención en Francia rozan el 70% les anima a ejercer de ciudadanos, a creer en su capacidad de decidir el futuro con el voto”.
La redactora añadió: “La legitimidad de los intelectuales para implicarse en el debate público reside en esa apelación a la ciudadanía y los valores. Mbappé interviene en calidad de ciudadano, como podría hacerlo cualquier futbolista: todos estamos llamados a participar de los asuntos políticos porque nos conciernen. Por eso resulta más llamativo que aquí, sin ahorrar patetismo en el regate, algunos aún esgriman falta de conocimiento político para eludir pronunciarse”. Pero aún muchos apelan a un viejo consejo de Francisco Franco: “Haga usted como yo, no se meta en política”.
Vamos a llevar esta curaduría de contenido a Venezuela con Jovan Pulgarín y su nota “La encrucijada del atleta venezolano: el silencio o el colapso”, en Prodavinci, en el marco de los Panamericano 2019. “Pero la prueba clave de los problemas que enfrenta Venezuela retumbó en la voz de Rubén Limardo, atleta que además de ganar la medalla de oro en espada, fue electo como diputado suplente en las elecciones parlamentarias del Partido Socialista Unido, aunque no asistía a las sesiones. «No puede ser que a última hora hagan todo. Si esta fecha se sabe desde hace cuatro años, tengan todo al momento. Planificar es la manera de obtener resultados. Vean el medallero: los que están arriba es porque seguramente tienen una excelente organización», dijo tras subir al podio”, reseñó el ex director del diario Líder.
#18Sep➡️La campeona olímpica venezolana, Yulimar Rojas, fue reconocida este viernes con la Orden de la Defensa Nacional, durante un acto efectuado en la Academia Militar
–
Rojas recibió el reconocimiento por parte del ministro de la defensa Vladimir Padrino López
🇻🇪@OfficialCOV pic.twitter.com/JD8m3klzmD— Zaga Deporte (@ZagaDeporte) September 18, 2021
Pulgarín acotó: “Si eso le pasaba a una figura reconocida, muchos otros competidores se preguntaban qué pasaría si abrían la boca. Para el atleta “amateur”, conseguir patrocinantes es un dolor de cabeza. Dolor que se multiplica en un país con una actividad económica minimizada. Si el béisbol, el deporte más seguido en Venezuela, puede realizarse solo con los dólares que entrega el gobierno venezolano —la discusión este año para hacer el calendario ha sido pública—, imagine lo que le sucedería a Yulimar Rojas si no pudiera entrenarse en Europa”.
En su artículo analizó el rol de los deportivas y estos tópicos. “Históricamente, los atletas suelen guardar un perfil bajo con respecto a la relación que tienen con sus federaciones y gobiernos de turno. Pero hay sus excepciones. Uno de los casos más conocidos sucedió hace poco, con la mejor futbolista de la FIFA, Ada Hegerberg. Se resistió a vestir los colores de su selección, Noruega, porque la Federacón no tiene una política justa de salarios entre los hombres y las mujeres. Otro reciente es el de Colin Kaepernick, quien se convirtió en una de las figuras más importantes contra el status quo del fútbol americano. Durante los juegos de invierno, en Sochi, la atleta ucraniana Bogsana Matsoska se retiró de la competencia por el uso de la violencia de Rusia contra manifestantes en Kiev”, escribió.
El director de El Estímulo Media dio más ejemplos. “El deporte es, cada vez más, un negocio organizado para mostrar marcas, crear ídolos y vender derechos de televisión. Con la excusa de la pureza del deporte, los organismos que los regulan insisten en que los deportistas eviten hablar sobre el estado del mundo. Cuando el basquetbolista de la NBA LeBron James mostró una camiseta que decía I can’t breath —las últimas palabras de Eric Garner, un afroamericano asesinado en un caso de brutalidad policial—, la máxima autoridad de la liga dijo que respetaba el gesto, “pero preferiría que los jugadores se ciñeran a las normas reglamentarias sobre su vestimenta”. Al delantero Frederick Kanouté, la Real Federación Española de Fútbol lo sancionó con una multa de 3.000 euros por mostrar una camiseta que decía Palestina. Todavía en el siglo XXI, nadie quiere lecciones de sus entretenedores”, escribió José María León para la revista Soho al analizar a Muhammad Ali, probablemente el atleta más contestatario que ha existido”, agregó.
Ahora lo ancla al caso criollo. “’El problema no es que hablen y que le quiten los recursos. El verdadero problema es lo que podría pasar con sus familias, que están en Venezuela. Eso detiene a muchos que han recibido ofertas para representar a otros países con mejores políticas deportivas’, dice una fuente del propio Ministerio del Deporte para esta nota. La advertencia recuerda a la vigilancia que mantenía el gobierno de Nicolae Ceausescu sobre Nadia Comaneci (…) La culpa de ver a los atletas como seres fuera del sistema la tenemos los propios espectadores. Demandamos sus obligaciones (representar al país), endiosamos sus resultados, pero los abandonamos en sus derechos. Y protestar es un derecho”.
Capaz lleguemos al punto de pensamiento crítico y de libertad que lleguemos al punto que el negocio y el poder no nos haga sentir que política y deporte son agua y aceite. Sino entender que en todo hay política, incluso en el fútbol. El 28 de julio cumpliré mi deber ciudadano de ir a votar. Unos lo harán escuchando “Por la pequeña Venecia” de Danny Ocean y otros “Chávez, corazón del pueblo”. Al final ambos gritaron el gol de Salomón Rondón contra Canadá. Todos estamos en el mismo barco.

