Antes de continuar estas líneas tengo que confesar que soy del pequeño grupo de personas que nunca aprendió andar en bicicleta. Sí tuve infancia, pero no dos ruedas, así que sufriría si viviera en Países Bajos. Dicho esto, hay un refrán que siempre me ha cautivado: la vida es una bicicleta, si dejas de pedalear, te caes de boca. No hay que ser José Rujano o Nairo Quintana para entender la referencia. Ese tiene que ser el camino de la Vinotinto, no parar, porque el fútbol va muy rápido y no se detiene.
La Copa América generó un hype desmesurado y la firme creencia de que la selección era candidata a ganar la competición. Los procesos se tienen que cumplir. Primero se gatea antes que correr. Era una posibilidad latente repetir unas semifinales, tampoco hay que faltarle a la verdad. La tónica de las eliminatorias se repitió, llegaron primero los resultados que el juego. Con un Rafael Romo que fue santificado por la afición y la capacidad de intervención de Fernando Batista en los segundos tiempos. Pero los únicos “outsiders” fuera de los tres campeones del Mundo (Brasil, Argentina y Uruguay), que se podían pedalear hacía la cima de América era Colombia. Con Shakira y Carlos Vives, con Luis Díaz y James Rodríguez se pueden montar en esa bicicleta, de Barranquilla a Barcelona, de Bogotá al Hard Rock Stadium de Miami.
No hay que perder el norte, las eliminatorias. Que como dice el colega y amigo Alfredo Coronís, viene el tramo del Darién, donde se recibe a Uruguay, Argentina y Brasil. Aparte de visitar a Bolivia, Paraguay y Chile. La labor de “Bocha” Batista será pedalear con lo aprendido estos días en los Estados Unidos. Lo obvio lo vimos todo: gran rendimiento de Jon Aramburu, dificultad para controlar los partidos desde la posesión, resiliencia para reponerse a las adversidades, complejidad para manejar la etiqueta de favoritos, el apoyo de las masas fuera del país, controlar las expectativas de la afición, la vigencia de Salomón Rondón, los bajos rendimientos de referentes (Yeferson Soteldo, Yangel Herrera y Jefferson Savarino), el debut de Telasco Segovia y Kervin Andrade en esta competición, los lunares en acciones defensivas de la dupla Ferraresi-Osorio, los goles de los tres delanteros, etc.
Pero hay conclusiones que serán cuantitativas (con Big Data) y cualitativas (el ojo del entrenador en los entrenamientos). Más allá de que en el futuro sume piezas como Samuel Sosa, David Martínez, Sergio Córdova, Alejandro Marqués, Carlos Vivas o Josef Martínez, el reloj no deja de mover sus agujas. Hay que entender que no podemos pedalear más rápido de lo que nos permite nuestra bicicleta y nuestro físico. A veces la ansiedad nos hace romper la cadena. Ser sextos del Premundial es el objetivo, el piso fértil donde sembrar. Es un boleto directo al Mundial. ¿Se puede aspirar a quedar más arriba? Sí y tiene como beneficio mejor Ranking FIFA a la hora de los bombos. Sin embargo, la euforia no nos puede nublar. Somos expertos en volar por los cielos y en un segundo hundirse en los infiernos.
El mejor gol de esta Vinotinto no fue unir a un país polarizado, en eso tiene todo el siglo XXI. Esta vez unió el rompecabezas de un país fragmentado por la diáspora. Postales hermosas. Más en el contexto de unas elecciones presidenciales el 28 de julio, que son el elefante en la habitación. La gente de a pie tuvo un momento para descansar de la crisis. Conversar de algo distinto a las múltiples crisis. Un país donde el 89% de la población considera que no se puede confiar en la mayoría de las personas, según el estudio de Psicodata, de la UCAB, se decidió unirse en el “Mano, tengo fe”. Por eso el sentimiento general es de orgullo y de sentirse bien representados.
Cuando se aprende a andar en bicicleta, los golpes son parte del proceso. Las cicatrices tatúan el cuerpo si no tienes equilibrio. La Vinotinto por muchos años fue coleccionista de heridas. Pero esta huella que deja la Copa América 2024 se debe llevar con orgullo. Si se aprende de ella, en un futuro decoraremos nuestra piel con tinta y la fecha del debut en una Copa del Mundo, no con más magulladuras. ¿Baladí cuando se define el futuro del país? El fútbol siempre será más de lo que sucede en el campo.
“Colombia empezó a construir su relato de Selección en los 80 a través de la figura de Francisco Maturana. “Cuando la colombianidad estaba hecha pedazos, él fue capaz de crear una manera, un estilo (…) fue capaz de inventar una nación efímera que nos permitió soñar”, afirma Omar Rincón en el ensayo El fútbol, espectáculo de la identidad”, escribió Sarah Castro Lizarazo en El País (España), en una nota titulada: “Un nuevo relato de Colombia”. Venezuela, al igual que el vecino país en esa década, es un país roto. Una nación joven, que pasó de la ruralidad con Juan Bimba a la modernidad de golpe con el precio de los barriles de petróleo. Ante casa de extranjeros, hoy ni siquiera habitable para muchos de sus hijos.
Lo dijo César Luis Menotti en 2019: “La selección nacional es un lugar muy serio. Cada pelota que patea un jugador despierta una manifestación cultural. Vamos a apoyar ese crecimiento cultural porque es algo que los clubes no pueden hacer. Solo la selección argentina puede hacerlo”. La Vinotinto llega a sitios donde más ninguna marca lo hace. Une Empresas Polar con PDVSA, lo privado con lo público. Hermana al que le reza a María Corina Machado como el que lleva la firma de Hugo Chávez en su epidermis. Por eso no se puede detener este viaje. Todos debemos seguir pedaleando la bicicleta Vinotinto, con mesura.
PD: La Vinotinto también son todas sus categorías. Ser Vinotinto es apoyar a la tropa de Pamela Conti en el Mundial femenino sub-20. Es seguir atento el Mundial de futbol sala en Uzbekistán. También darle una oportunidad a la Liga FUTVE de sorprender al asistir al estadio sin prejuicios y preconceptos. Como dijo el creador de contenido Jesús Azuaje, si nos emocionamos porque Dua Lipa diga “Coño de su madre”, cómo no vamos desbordar las calles por nuestra selección nacional.

