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“Este fútbol es una mierda”

Adrián Martínez, una de las piezas del fútbol nacional que hoy brilla en la Vinotinto

Final del partido. Anzoátegui 0-0 Portuguesa en el estadio José Antonio Anzoátegui, no recuerdo el año. Choque que transmitíamos desde el estudio (ya para la televisora había dejado de ser prioridad hacerlo en vivo desde el estadio).

Ambos, narrador y comentarista, con camisa, saco y corbata para la toma de cámara. Abajo jeans y zapato de goma. Al terminar la transmisión lo primero que haces es quitarte la “balita” (micrófono lavalier inalámbrico) y aflojarte la corbata. Mi compañero comentarista, justo levantándose de la silla me dice rotundamente, casi despertándose de una larga siesta: “Este fútbol es una mierda”.

Desde ese día he tratado de encontrar todos los motivos necesarios para darle la razón. Llevo años en eso. “¿Tiene razón?”, me he preguntado desde entonces, cuestionándome si todo lo que hago y la atención que le pongo al fútbol nacional, porque me gusta, porque me apasiona, tiene sentido o es simplemente una mentira que me he creado.

Y creo muchas veces que el comentarista tenía razón. Porque desde entonces, vi como algunos equipos iban desapareciendo sin dejar rastro ni siquiera en los corazones de quienes alguna vez fueron a apoyarlo al estadio. He visto deudas, impagos, terrenos en estado deplorable, imposiciones, luchas de intereses, control y proselitismo político, forfaits, amenazas, resultados internacionales que nos dejan en bochorno, apuestas que comprometen la fiabilidad de los juegos.

Richard Celis – Caracas FC

A pesar de todo ello, sigo enamorado de mi fútbol. Sigo creyendo en que lo positivo supera lo negativo. Cuando vas a un partido de categorías menores y ves la ilusión con la que los chamitos se ponen la camisa de su equipo, las ganas de muchos directivos que pese a estrellarse muchas veces en sus intentos inversores, siguen poniendo la plata para que las instituciones no se mueran, cuando ves el buen fútbol de Maurice Cova, Akinyoola, Anderson Contreras, Bahachille, te convences de que no estás equivocado y están en la lucha correcta. Que, aunque hoy estamos indignados con el caso de Trujillanos que deambula por occidente a costa de la buena voluntad de sus rivales, que le ponen una máscara de oxígeno para mantenerlo con vida domingo a domingo, hay otro lado en el que muchos, la mayoría, están trabajando para que nuestro fútbol realmente siga creciendo.

El futbolista está en otro nivel. Ante muchas adversidades, no para de crecer. Es el elemento de nuestro fútbol que no se ha detenido y con muchas falencias, escasez y necesidades, sigue proyectando su progreso. Hay muchos jugadores que sí están amparados por los clubes a los que pertenecen: hemos sido testigos de la construcción de casas clubes, de atención integral a los atletas, alojamiento en buenos hoteles en los viajes, buena alimentación, implementos para trabajar y entrenar. Puede usted decirme “Es que eso es el deber ser”, pero yo le digo, con base, que hace tan solo unos pocos años eso era utópico en nuestro fútbol.

Hoy hay aficionados, “barras”, que en el país y en otros lados en el mundo, están pendientes de sus equipos, cosa que cuando yo era chamo era meramente testimonial. Partidos intensos, de mucho nivel, con goles de bella factura, así como también los hay malos y lentos, en los que la dinámica de juego se ve afectada por decisiones arbitrales y malos hábitos de los futbolistas de disminuir el tiempo de juego efectivo. Cosa que pasa no solo aquí, sino en cualquier fútbol, hasta de las ligas más importantes del mundo.

Hoy se televisan todos los partidos en vivo del campeonato local. Todo esto incide en la mejora del espectáculo, porque el futbolista sabe que lo están viendo y que esa vitrina sirve para una mejora en su estatus laboral; porque el árbitro está expuesto y se ve obligado a no fallar en su toma de decisiones. Con limitaciones, con escasez, pero el esfuerzo ha hecho que hoy todo este cúmulo de elementos, más positivos que negativos, sean el cuerpo orgánico de donde salieron la mayoría de los muchachos que tienen sensibilizada a una nación con su selección.

Edson Castillo – Foto Caracas FC

El buen andar de los Adrián Martínez, Francisco La Mantía, Bernaldo Manzano, Richard Celis, Edson Castillo, Yohan Cumana, el hecho que toda Venezuela hoy hable de ellos y que el tan plural país futbolero los ponga incluso por encima de los habituales y consagrados de la selección, no es otra cosa que la reivindicación de nuestro fútbol. Y esos mismos consagrados en el exterior, ya no son oriundos: la buena mayoría salió también del fútbol venezolano.

El momento también debe ser aprovechado por los dirigentes del fútbol nacional. En la prensa hemos advertido al fanático que volteen a nuestro campeonato, porque aquí también hay pasión, hay instituciones, hay trabajo serio. Es tarea de la dirigencia ahora captar el momento y sacarle provecho para que, incluso comercialmente, esos sectores que tanto se han resistido a mirar con buenos ojos el FutVE, sean conquistados de una buena vez. A aquellos que arrugan la cara cuando les digo que no voy a ir a tomarme unas cervezas con ellos porque prefiero quedarme viendo un Táchira-Portuguesa en TV.

Este fútbol no es una mierda. Este fútbol es nuestro fútbol, es el que tenemos y no debemos parar en ayudarlo a seguir creciendo. Es tarea de todos. Titánica, pero no imposible. Hay que explotar el momento.

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